Normalizada la vida en Santander se abren dos clases de primaria, pero aún no en el edificio del Colegio, sino en el
número 8 de la calle Bonifaz, en el Patronato de la Sagrada Familia, regentado por los PP. Maximiliano Díez y Constantino Ruiz.
Hasta finales de noviembre de 1937 no se reanudan las clases normalmente en el edificio de Canalejas, obteniéndose entonces del Ministerio
de Educación el reconocimiento legal para los estudios de Primaria y Bachillerato Elemental y Superior.
Esto supuso un gran impulso para el centro y el número de alumnos fue aumentando progresivamente.
Durante el rectorado de los PP. Juan Pérez (1940-43) y Aurelio Isla (1943-46) el Colegio llegó a tener 940 alumnos, 24 sacerdotes
escolapios y 5 profesores seglares.
Pasando los años la vida en el país se normaliza y también en el Colegio, aumentando su ya bien asentado prestigio.
Es en esta época cuando empieza a imprimirse la
Memoria Escolar, que acabó por convertirse en una
tradición y que nos permite tener documentos gráficos de lo que ocurría en el centro.
Estas memorias son testigos de algunas gratas casualidades como la "coincidencia" en un mismo curso, grupo y año de cuatro
alumnos que posteriormente alcanzarán fama y renombre internacionales. Se trata de
Ramón Muriedas Mazorra (escultor),
Juan Navarro Baldeweg (arquitecto, pintor y escultor),
Álvaro Pombo García de los Ríos (poeta, novelista y
miembro de la Real Academia de Lengua Española) y
José Ramón Sánchez Sanz (pintor, dibujante e ilustrador) reunidos
durante el curso 1951-52 en la clase de 3º B de Bachillerato.
En otro ámbito de cosas, se adquieren nuevos terrenos (un huerto vecino) y se construyen parte de los campos de deportes; se amplía el
patio mediante la construcción de un muro de contención, el movimiento de tierras y la consiguiente nivelación del terreno.
Es una época de expansión y consolidación para el centro.