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nuestro carisma en la
historia
síntesis
descriptiva del carisma escolapio
la
fidelidad creativa que nos pide hoy el Espíritu
ap.
I realizaciones actuales de
nuestro carisma
ap.
II retos del mundo actual

I. NUESTRO CARISMA EN LA
HISTORIA
1. Nuestro carisma fundacional nació en la Iglesia por obra del Espíritu
en la vida de nuestro Padre y Fundador José de Calasanz (1557-1648). Fue
perfilándose y adquiriendo sus rasgos característicos en Roma en un
proceso que duró unos veinticinco años (1597-1622).
2. Dios preparó en la persona de Calasanz a un mediador para enriquecer a
su Iglesia con un nuevo don carismático. Le concedió dones naturales y el
ambiente de una familia que le facilitó una excelente y larga formación
cristiana y cultural. Le llamó al sacerdocio, cuyo ministerio ejerció en
diversas misiones curiales y pastorales. Y en 1592, le guió hacia Roma
para acabar de manifestarle la misión eclesial a la que le llamaba.
3. En los primeros años de su estancia en la Ciudad Eterna, circunstancias
providenciales le llevaron a un singular encuentro con Jesucristo, a
partir de una experiencia evangélica de apertura a la realidad, en la que
maduró conjuntamente en sensibilidad social y espiritual. Esta evolución
personal del Santo, muy acusada desde 1596 en los dos ámbitos de su
experiencia, preparó su espíritu para recibir el regalo de Dios en Santa
Dorotea, mientras buscaba una solución a las necesidades espirituales y
culturales de los niños de las clases populares, para contribuir a la
vitalidad de la Iglesia y a la reforma de la sociedad de su tiempo.
4. En la primavera de 1597, Calasanz, como miembro de la Cofradía de los
Doce Apóstoles, visitó el barrio de Trastévere y en la parroquia de Santa
Dorotea descubrió una pequeña escuela parroquial, que hizo eclosionar en
su corazón el camino decisivo y mejor de su vida. Aquella escuela,
convenientemente remodelada, tanto en los alumnos como en los maestros
según lo que Calasanz intuía por inspiración, se convirtió desde el mismo
otoño de 1597 en el inicio de su respuesta vocacional definitiva y en el
germen de las Escuelas Pías.
5. Este carisma fue recibido por Calasanz, ante todo, como la aceptación
de una nueva misión evangelizadora y educativa de la que participaron sus
primeros compañeros; dio lugar después a una relación particular con ellos
al compartir, además del ministerio, vivienda, oración y bienes en una
comunidad más estable; y finalmente se expresó cuando Calasanz y un
pequeño grupo de sus seguidores abrazaron una forma de vida religiosa, que
consolidó y dio unidad a lo realizado y vivido hasta entonces. La Iglesia
la aprobó como Congregación en 1617 y como Orden con un voto específico,
en 1622, con el nombre de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de
las Escuelas Pías.
6. Por consiguiente, el carisma calasancio se
manifestó progresivamente y fue aprobado por la Iglesia como una misión
educativa cristiana destinada a niños y jóvenes, compartida desde y en una
comunidad de vida religiosa, y realizada por personas consagradas a Dios,
preferentemente sacerdotes.
7. En los años sucesivos hasta su muerte, José de
Calasanz promovió la expansión del carisma, cuidó atentamente la
encarnación del don fundacional y lo defendió frente a experiencias e
interpretaciones que no respondían a la intuición de los orígenes.
8. Fundador de la primera Orden religiosa dedicada específicamente a la
educación cristiana popular a través de la escuela, insistió siempre en
tres rasgos carismáticos de la misma, presentes germinalmente desde el
principio, afirmados explícitamente en las Constituciones de 1621 y
perfilados en los años de expansión y de conflicto: dar prioridad a la
educación desde la infancia, a la educación de los pobres y a la educación
en la piedad.
9. Padre espiritual de sus hijos, promovió entre sus
religiosos una espiritualidad en armonía con el proyecto o forma de vida
"mixta" diseñado en las citadas Constituciones, en el que sobresalen
actitudes como la confianza filial en Dios, la identificación con Cristo
crucificado, la docilidad al Espíritu, la dedicación a la Madre de Dios,
el sentido eclesial y litúrgico, y algunas virtudes características como
piedad y santo temor de Dios, pobreza y humildad, caridad y paciencia,
entrega y abnegación, diligencia y sencillez, amor paternal y generosidad,
esperanza y alegría.
10. El testimonio de vida y las enseñanzas de
Calasanz respecto a nuestra identidad carismática en el seno de la
comunidad cristiana, constituyen la herencia más preciosa que legó a sus
religiosos, los escolapios. A lo largo de la historia, nuestra Orden, a
pesar de sus limitaciones y exceptuando quizás algunos cortos períodos de
crisis o de desorientación, ha tenido siempre claro el carisma recibido y,
por tanto, el estilo de vida, el ministerio específico y una
estructuración orgánica, componentes que conforman su identidad eclesial.
11. Testimonio de esa fidelidad de nuestra Orden a su
identidad carismática en estos siglos son, en el plano doctrinal, las
afirmaciones de los Papas acerca de la vida y la obra de la Congregación y
Orden de las Escuelas Pías, desde Pablo V hasta el actual Juan Pablo II.
12. En este mismo plano de reafirmación de nuestra
identidad escolapia y, además, con un sentido práctico de adecuación de la
misma a distintas circunstancias, se manifestaron los Capítulos Generales
de la Orden desde el principio.
13. En el ámbito de la renovación del Concilio Vaticano II se celebró el
Capítulo General Especial de 1967-69. En él se elaboró una síntesis de la
doctrina pontificia y de los Capítulos Generales precedentes que fue
recogida en las Declaraciones sobre el carisma calasancio; sobre la
naturaleza y fin peculiar de nuestra Orden; sobre la espiritualidad
calasancia, y en el Decreto sobre la educación cristiana, renovación
conciliar de las escuelas y otros medios de apostolado.
14. Para los años más recientes son importantes las aportaciones más
operativas de los cuatro últimos Capítulos Generales (1973, 1979, 1985 y
1991) que fomentaron la renovación postconciliar de la Orden y su
adecuación a los tiempos actuales de acuerdo al carisma fundacional. Sus
determinaciones quedan reflejadas en conjunto en las últimas redacciones
de las Constituciones -aprobadas por la Santa Sede- y de las Reglas.
15. Ahora nosotros, reunidos en el XLIV Capítulo General, que celebramos
en el IV Centenario del inicio de la escuela calasancia en Santa Dorotea,
tras discernir cómo se vive hoy el carisma y cómo viene interpelado por
las necesidades del mundo de hoy, reconocemos en este don una llamada
dirigida a religiosos y laicos para una mayor fidelidad creativa y
deseamos clarificar a nuestros hermanos religiosos la grandeza y
profundidad de este don recibido.
II. SÍNTESIS
DESCRIPTIVA DEL CARISMA ESCOLAPIO
16. Después de 400 años de vivencia y desarrollo del Carisma
recibido por S. José de Calasanz
para el bien de la Iglesia y el mundo,
la Orden de las Escuelas Pías se reconoce
como un instituto de vida consagrada apostólica,
de carácter sacerdotal,
formado por religiosos
en comunidad de vida y misión
y con un ministerio específico y peculiar,
según las Constituciones.
17. Por este carisma, los religiosos escolapios
- somos llamados por el
Padre en el Espíritu a una vida de Consagración
por la profesión de los consejos evangélicos
siguiendo a Jesucristo como Pobres de la Madre de Dios
según el camino de Calasanz,
en actitud de conversión y formación continuas;
- somos convocados a un estilo de vida fraterna en comunidad,
que sea signo profético de unión dentro del Pueblo de Dios
y en plena comunión con él,
para que el mundo crea;
- somos enviados como cooperadores de la Verdad
a evangelizar por medio de la educación integral
en Piedad y Letras, con paciencia y caridad,
a los niños y jóvenes, especialmente a los pobres,
desde los primeros años,
y así manifestar la santidad de la Iglesia
y colaborar en la formación de la persona
y en la reforma de la sociedad.
18. Las Escuelas Pías consideran medio propio y
característico para realizar su misión la escuela popular cristiana,
organizada con métodos sencillos y eficaces, y asumen también como propio
cualquier otro medio orientado a formar a la niñez y juventud y llevarlas
a Cristo.
19. Siendo la Orden escolapia obra de la Iglesia,
está llamada a reconocer la participación en su carisma de otros miembros
del Pueblo de Dios, que en grado y modalidades diversas quieran vincularse
a ella; y se siente enviada a todos los niños y jóvenes del mundo; está
dispuesta también, en caso de necesidad, a ayudar al prójimo con otros
servicios eclesiales.
III. LA
FIDELIDAD CREATIVA QUE NOS PIDE HOY EL ESPÍRITU
20. Descrito ya el carisma, y teniendo en cuenta sus
realizaciones actuales y los retos que nos presenta el mundo de hoy,
queremos señalar a continuación cuáles han de ser nuestras respuestas
adecuadas y actuales como escolapios, en fidelidad a lo que hemos recibido
de Calasanz y al hoy de Dios, según los caminos del Espíritu.
Creemos que la conversión y los dinamismos de discernimiento que
posibilitaron la experiencia fundacional de Calasanz, constituyen el punto
central de lo que nos pide hoy el Espíritu. De ello y de nuestra capacidad
de abrirnos a procesos de crecimiento personal y comunitario, dependerán
esencialmente la verdad y eficacia de las respuestas que demos a los retos
del mundo actual.
La fidelidad creativa que nos pide hoy el Espíritu afecta a nuestra
identidad de consagrados en comunión para la misión.
CONSAGRACIÓN
21. El Espíritu del Señor de diversas maneras nos invita, por la
renovación de mente y corazón, a una búsqueda y actualización de nuestro
ser, para que cada día se haga más visible la imagen de Cristo en
nosotros.
Para ello es preciso:
•El anuncio constante del
Evangelio a nuestras personas, comunidades y demarcaciones, desde la
perspectiva carismática de nuestras Constituciones y según la experiencia
cristiana de Calasanz;
•El cultivo en nuestras comunidades de la vida litúrgica, de una oración
personal más prolongada e intensa, y del acompañamiento espiritual, de
manera que nuestra vida pueda llamarse de verdad "mixta" en expresión de
Calasanz, es decir, simultáneamente activa y contemplativa;
•Una renovación espiritual que nos lleve a suscitar, acoger y formar las
nuevas vocaciones que Dios nos envíe.
22. Desde la vivencia de nuestra consagración
religiosa, enraizada en el Bautismo, y desde la vivencia de una Iglesia-
Comunión, creemos que la relación con los laicos debe ser cultivada en su
pluralidad de formas. Son de gran importancia y requieren una atención
especial, los grupos de
laicos que buscan compartir con nosotros nuestro carisma.
COMUNIÓN
23. Nuestra vida escolapia es esencialmente comunitaria y como tal ha de
ser signo, testimonio y profecía del Reino.
Para ello, debemos fomentar:
•La recuperación de la
comunidad como lugar teológico y primordial de nuestro carisma, renovada
en el amor y la pobreza como signos proféticos de actualidad;
•La conversión de todos los miembros a la comunidad mediante una adecuada
planificación que potencie las relaciones interpersonales;
•El ofrecimiento a quienes están en edad de jubilación de campos
apostólicos en que puedan seguir viviendo la misión escolapia.
24. La vida comunitaria a la que hemos sido llamados
por el carisma calasancio, nos lleva cada vez más a una comunicación de
bienes y personas entre lugares y demarcaciones. Esto anima hoy de un modo
especial la dimensión misionera de la Orden, así como la generosidad y
disponibilidad de muchos para la realización de otros proyectos
escolapios.
Esta comunicación de personas y bienes nos pide realizaciones concretas;
por ejemplo:
•un consenso en el Consejo
de Superiores Mayores para acometer
proyectos de Orden, a los que todas las demarcaciones cooperen;
•la creación de las necesarias casas u obras interdemarcacionales;
•la simplificación de los procesos de adscripción e incardinación a otras
demarcaciones;
•un progreso continuado en la centralización económica y en la
renovación actual de nuestra economía.
25. El talante abierto y acogedor que nos muestra el
ejemplo de Calasanz y nos pide la comunión a que hemos sido llamados,
promueve en nosotros actitudes: · de diálogo y respeto a toda creencia y
opción de vida diferentes de las nuestras;
•de defensa de la igualdad
de todas las personas ante toda situación discriminatoria y xenófoba, para
la construcción de un mundo más humano y fraterno;
•de manifestación clara de la identidad cristiana y cultural de nuestras
obras;
•de acogida en ellas a personas de clases sociales y credos distintos.
MISIÓN
26. El pensamiento de Calasanz: “si desde los
primeros años se educa a los niños en la piedad y en las letras, se puede
esperar un futuro feliz para ellos”, configura nuestro ministerio
específico global como la realización de un servicio evangelizador
educativo, que abarca todas las edades hasta la madurez, principalmente
desde los primeros años. En ellos se construyen las estructuras
básicas de la persona que perdurarán toda su vida.
Desde esta intuición fundamental calasancia debemos acentuar estos rasgos:
•considerar como primeros
destinatarios de nuestra misión a los niños, principalmente los indefensos
y abandonados, de manera evidente u oculta;
•priorizar y revitalizar nuestra atención a la educación de los más
pequeños dedicando a ello personas y recursos;
•crear para ellos ambientes educativos positivos y acogedores;
•valorar como acciones necesarias para educar a la infancia, el cultivo de
su interioridad y la oración, y la atención a la familia;
•estar siempre abiertos y atentos a los nuevos métodos pedagógicos y
educativos y a las nuevas tecnologías;
•ser creativos en todos los aspectos de la educación, abriéndonos con
sentido crítico a la transformación de la sociedad;
•potenciar en todas nuestras obras la educación para la acción social y el
voluntariado;
•dar mucha importancia a la educación no formal, asumiendo como tarea muy
actual la formación en y para el tiempo libre.
27. La opción evidente de Calasanz por los niños
pobres: “nunca los tendremos en menos... porque para ellos se fundó
nuestro Instituto”, da un claro sentido universal a nuestro ministerio.
Para conservar este sentido, educaremos con preferencia a los que, todavía
hoy, constituyen la mayoría de la humanidad.
Animados por este carácter universal que dio Calasanz a su obra,
subrayamos los siguientes criterios:
•reafirmar como
característica de nuestra Orden la opción preferencial por los pobres;
•transformar nuestras obras para que los pobres tengan cabida privilegiada
en ellas;
•ofrecer el tipo de formación y enseñanzas más adecuados para cada lugar,
capacitándoles para su dedicación profesional;
•recurrir a todo tipo de convenios y subvenciones para abaratar los costes
de la enseñanza a las familias, haciéndola accesible a la mayoría;
•considerar entre los más pobres a los niños desescolarizados, con
necesidades de integración, con fracaso escolar, y a otros casos difíciles
de nuestras escuelas y de otras;
•facilitar a los marginados su plena incorporación a la cultura y a la
sociedad con programas educativos adecuados;
•ir a aquellos países pobres que más necesiten de nuestra obra educativa.
28. La educación en las letras y las ciencias humanas
que promocionó Calasanz se
fundamenta en la fe cristiana. Ésta debe empapar progresivamente la
totalidad de
las culturas para que la evangelización de las mismas sea completa. En
este sentido,
la prioridad de nuestro ministerio integral es educar "principalmente la
piedad y la
doctrina cristiana". Consecuentes con este planteamiento calasancio,
promovemos
las siguientes directrices:
•mirar con amor a cada
persona y ayudarla en su educación cristiana que confirma y eleva los
valores humanos;
•dar prioridad en nuestras obras a la evangelización;
•crear y animar en todas ellas auténticas comunidades cristianas que
evangelicen educando;
•considerar la pastoral como objetivo preferencial de nuestros proyectos
educativos, dedicándole personas y medios suficientes;
•seleccionar y formar a nuestros cooperadores desde las claves de nuestra
misión escolapia;
•privilegiar la catequesis como dedicación fundamental de los escolapios
para promover una sincera acogida del mensaje y de la persona de Jesús y
una integración en la comunidad cristiana;
•formar a nuestros alumnos en el amor a la Iglesia y a los sacramentos;
•hacer de la fe un eje transversal que plenifica e integra la totalidad de
la persona del educando;
•promover en el mundo educativo un diálogo amplio entre la fe y la cultura
de nuestro tiempo.
CONCLUSIÓN
29. Damos gracias a Dios Padre por el carisma recibido por Calasanz como
don del Espíritu para seguir a Jesús en la vida sacerdotal y religiosa, y
para servir al Evangelio con el ministerio específico por él iniciado en
la Iglesia. Desde entonces, y durante cuatrocientos años, a muchos
hermanos nuestros, como discípulos de Calasanz, se les ha transmitido el
mismo carisma del Fundador y lo han conservado, vivido, profundizado y
desarrollado fielmente en distintas circunstancias históricas.
30. En los umbrales del tercer milenio y en un mundo
en profundo cambio, nosotros recibimos el mismo don y somos invitados por
la Iglesia a vivir este carisma de manera creativa y dinámica.
Que la gracia de Dios actúe en nosotros para que realicemos fielmente
nuestra vocación, bajo la protección de María, respondiendo a las
necesidades de la infancia y juventud de nuestro tiempo, para alabanza de
Dios y utilidad del prójimo.
APÉNDICE
I.
REALIZACIONES ACTUALES DE NUESTRO CARISMA
1. Las Escuelas Pías desde su fundación, siguiendo
las huellas del Fundador, han vivido y encarnado el carisma en
situaciones, en momentos, culturas y eclesiologías diversas. Durante
siglos, diversos Fundadores y Fundadoras de Congregaciones Religiosas se
han inspirando en su carisma y espiritualidad, dando vida a la Familia
Calasancia y a numerosas expresiones de carácter asociativo.
A partir del Capítulo General Especial (1967-1969), nuestra Orden se ha
comprometido a la renovación de la vida escolapia, a nivel personal,
comunitario, demarcacional y general, siguiendo las directrices de la
Iglesia.
2. Han ayudado positivamente a esta renovación:
- la publicación de las
Constituciones y Reglas y la progresiva asimilación de las
mismas;
- la reubicación de la Orden según la nueva eclesiología;
- la renovación de la oración comunitaria (Liber Precum);
- el fortalecimiento de la vida comunitaria;
- la práctica de los Ejercicios Espirituales dirigidos por Escolapios;
- los cursos de renovación espiritual, teologal, bíblica, pastoral,
pedagógica y
calasancia;
- la configuración de la formación inicial según la directrices de la
Iglesia;
- las programaciones de la Orden;
- las investigaciones, publicaciones y encuentros de carácter calasancio;
- la expansión de la Orden en países de misión;
- la sensibilidad creciente por los temas escolapios
3. La vitalidad humana y espiritual de las personas y
comunidades escolapias es fundamental, según el pensamiento de Calasanz,
para cualificar el objetivo evangelizador de nuestra misión y de los
medios y obras para realizarlo.
4. En junio de 1997, la Orden realiza su misión en
nombre de la Iglesia en 34 países de cuatro continentes. Los Escolapios,
en 231 casas religiosas, somos 1458, de los cuales 235 (el 16 % del total)
están en formación inicial (novicios y juniores).
5. Los Centros educativos escolapios son 151, la mayoría escuelas de
formación preescolar, primaria y secundaria; pero también centros de
formación profesional y de nivel universitario. En ellos educan 661
escolapios, 89 sacerdotes y religiosos de otros institutos y 5.592 laicos.
Los alumnos suman 115.805, de los cuales 29.947 son gratuitos o
semigratuitos.
6. Asimismo, los escolapios cuidan pastoralmente, 84
parroquias con unos 700 grupos
de niños, jóvenes y adultos, y atienden 136 iglesias públicas.
7. Se da una notable expansión de la Orden en países
de misiones con estrategias y
planteamientos nuevos. Además de nuestra presencia en Europa, estamos
presentes en muchos países de América, en cinco naciones de África
(Senegal, Guinea Ecuatorial,
Camerún, Costa de Marfil y Gabón) y en tres de Asia (Japón, India y
Filipinas).
8. Además de las obras educativas y pastorales
indicadas, la Orden promueve otras que proporcionalmente se han
desarrollado más en los últimos decenios como centros de formación para
profesores, escuelas de padres, editoriales, casas de acogida y
convivencias, centros juveniles, hogares para niños de la calle, escuelas
de alfabetización de adultos, escuelas de monitores y de catequistas,
movimientos juveniles, obras sociales, grupos de voluntariado, grupos de
formación bíblica y grupos culturales.
9.En estos años hemos profundizado en nuestra
relación con los demás Institutos de la Familia Calasancia, así como con
otras Congregaciones religiosas y con la Iglesia local.
10. Sentimos y apreciamos cada vez más la presencia
numerosa y eficaz de un laicado relacionado con nuestro carisma.
APÉNDICE II.
RETOS DEL MUNDO ACTUAL
1. Algunos desafíos del mundo contemporáneo interpelan directamente a
nuestro carisma. Los agrupamos en los tres ámbitos que configuran nuestra
identidad: consagración, comunión y misión.
CONSAGRACIÓN
2. Ante la cultura y civilización de nuestro mundo en el que parece
haberse perdido el rastro de Dios, el primer gran reto que tenemos
planteado hoy como religiosos es "hacer visibles las maravillas que Dios
quiere realizar hoy por medio de la vida consagrada". Esta renovación de
nuestra vida de consagración presenta hoy estos principales aspectos o
retos particulares:
•continuar el camino de
Calasanz de seguimiento de Cristo en fidelidad
creativa, como nos marcan las Constituciones;
•formarnos permanentemente en todos los aspectos de nuestra vida,
principalmente en las dimensiones teológica, espiritual y contemplativa;
•ser capaces de atraer y formar nuevas y numerosas vocaciones;
•ser signo y profecía en medio de la sociedad;
•responder a los desafíos del mundo actual con castidad, pobreza y
obediencia auténticas como señala la Exhortación citada.
COMUNIÓN
3. En un mundo caracterizado por el individualismo,
la insolidaridad y el hastío, las comunidades religiosas deben ser
expresión especialmente significativa y gozosa del amor y unidad que
Cristo pone como condición para que el mundo crea. La diversidad de
valores que la vida comunitaria ha descubierto en estos últimos años y las
circunstancias que atraviesa, nos llevan a responder a nuevos desafíos:
•vivir ante todo desde
proyectos evangélicos;
•afirmar la centralidad de la vida de comunidad y valorar los diversos
ministerios comunitarios, entre ellos el del animador;
•encontrar respuestas a situaciones de envejecimiento paulatino o
reducción progresiva del número de sus miembros.
4. En medio de un mundo cada vez más interrelacionado
y al mismo tiempo insolidario, la expresión de una comunión fraterna nos
exige una comunicación interpersonal más intensa.
Esto supone un verdadero reto:
•a la unión y la unidad de
toda la Orden y de nuestra Orden con toda la
Iglesia;
•a la movilidad y comunión de bienes y personas, en orden sobre todo a la
animación de demarcaciones jóvenes o débiles;
•a la presencia misionera escolapia en los lugares más necesitados de
nuestro testimonio y ministerio.
5. Otro signo importante y evidente de los tiempos es
la participación del laicado en la vida y misión de la Iglesia. Nuestra
comprensión y vivencia eclesial como Pueblo de Dios nos exige compartir
con todos sus miembros la vocación cristiana al seguimiento de Jesús, y
ofrecer a los laicos la participación en nuestro carisma, como modo
concreto de realizar este seguimiento.
Esta participación, a su vez, nos plantea:
•reconocer que el carisma
también está en ellos;
•cómo formarlos espiritual y calasanciamente;
•y, en algunos casos, cómo integrarlos a la Orden mediante fórmulas
jurídicas aptas.
6. La pluralidad social y eclesial en que vivimos,
con sus correspondientes ecos en nuestra Orden, y el pluralismo religioso
e ideológico que nos rodea, nos invitan a instaurar en el Espíritu
relaciones de acogida, bendición y amor, haciendo de las Escuelas Pías la
institución tolerante y abierta que siempre ha sido.
MISIÓN
7. Nuestro mundo con sus particulares
características: la falta de respeto y la instrumentalización de los
niños, la existencia de nuevas pobrezas, la incapacidad educacional de
muchas familias actuales, la fragmentación y el pragmatismo de la
enseñanza, la falta en muchos casos de educadores sensibles y capacitados,
provoca diversos desafíos a las prioridades fundamentales de la misión
escolapia.
8. La intuición calasancia de educar a la persona
desde la infancia tiene una fecunda vigencia en la actualidad,
especialmente en aquellos lugares y ambientes donde se dificulta que el
hombre sea persona e hijo de Dios. Por ello, y como aportación a tantas
búsquedas pedagógicas y en tantos ámbitos educativos que la sociedad
genera y controla, nos sentimos llamados a recrear la praxis calasancia de
una educación humanizadora desde los primeros años, que:
•asegure ambientes
educativos y metodologías de calidad;
•inspire aliento humano y cristiano a tantos medios, técnicas y culturas
que
hoy proliferan;
•anime a las familias a reencontrarse como lugar de identificación y
crecimiento del niño como persona.
9. La intuición calasancia de renovar la sociedad
promocionando las clases populares, continúa teniendo una gran vigencia en
el mundo tremendamente injusto en que vivimos. Esto nos pide:
•una clara opción
preferencial por los pobres;· sentirnos interpelados por tantos millones
de niños que necesitan educadores, sobre todo en los países en vías de
desarrollo;
•hacer todo lo posible para que nuestra educación sea asequible a las
clases populares, con una sensibilidad especial hacia cualquier niño, que
por
impedimentos sociales, morales, psicológicos, o por ser emigrante, no
tenga acceso a un crecimiento armónico;
•hacer frente a las nuevas formas de pobreza emergentes en el mundo
actual.
10. La intuición calasancia de reformar la sociedad
"por medio de la educación en la piedad junto con las letras", continúa
desafiándonos hoy en la sociedad secularizada y llena de antivalores, pero
llamada a la plenitud del Reino.
Esto se transforma en urgencia al escuchar la llamada eclesial a una
"nueva evangelización", que nos plantea el reto de crear en nuestras obras
auténticas comunidades cristianas, donde se ejerza el ministerio pastoral
en todo momento, de
manera que la fe ilumine y penetre transversalmente todo el proceso
cultural y educativo.
Entre los "areópagos" que menciona Juan Pablo II en la Exhortación Vita
Consecrata, nos atañe de manera particular el que hace referencia a
nuestra misión:
"La Iglesia ha sido siempre consciente de que la educación es un elemento
esencial
de su misión … A las personas consagradas les corresponde una tarea
específica en
este campo, pues están llamadas a introducir en el horizonte educativo el
testimonio
radical de los bienes del Reino". Consideramos también importante el que
se refiere
al diálogo educativo "cultura-fe".
11. A todos estos retos del mundo actual deseamos
responder generosamente, con la esperanza de que las maravillas de Dios se
manifestarán también en nuestros días si, como nuestro Fundador en su
tiempo, damos respuesta a las necesidades de hoy, fieles creativamente a
la inspiración inicial recibida por Calasanz y reconocida por la Iglesia.
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