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1.
LAS ESCUELAS PÍAS DURANTE LA VIDA
DEL FUNDADOR
En 1602 nace la
Asociación de las "Escuelas Pías". Es un pía sociedad seglar, para el
mantenimiento de un colegio popular y gratuito, instalado en el corazón de
Roma. La pequeña escuela de Sta. Dorotea había crecido tanto (acuden ya
unos 500 alumnos) que habían tenido que buscar otro lugar más capaz.
Tienen ya su Reglamento y su Prefecto, Calasanz, que cuida el
funcionamiento de la escuela y el buen espíritu de los asociados.
En 1617, el Papa Paulo V
crea, a instancias de Calasanz, la "Congregación Paulina de las Escuelas
Pías". Las aprecia tanto que les da su nombre. Y también dinero, porque
viven de limosna. No cobran nada a los alumnos (la casa de San Pantaleón
acoge ya a unos 1.500), ni se permiten pedir limosna en sus casas. El
desinterés debía ser total, y nadie debía tener dificultad ni reparo
alguno para acudir a aquellas escuelas.
Se enseña desde leer y
escribir, pasando por el ábaco (matemáticas), gramática y retórica
(letras), caligrafía, música... todo lo que les ayude a aquellos muchachos
a tener después una buena colocación, para "ganarse el pan". Y también
latín, para que puedan ingresar, los que quieran y puedan, en el Colegio
Romano de los Jesuitas. Y con un cariño especial se enseña naturalmente
"la doctrina cristiana". Quieren liberar a aquellos muchachos de la
esclavitud de la pobreza, de la ignorancia y del pecado. Y a través de los
alumnos, quieren influir también en sus familias. "Piedad y letras" será
desde el principio el lema de los escolapios. De esa forma se espera
llegar a cambiar la vida de los muchachos y a reformar la sociedad.
A Calasanz le empiezan a
llover peticiones de nuevas fundaciones: numerosas ciudades de Italia y de
Centroeuropa quieren que los Escolapios abran colegios para la educación
de sus ciudadanos. Y el Fundador vivirá el resto de su vida en tensión
entre la alegría por esas peticiones, que testimonian la utilidad de su
obra, y la escasez de maestros. Porque son muchos los que solicitan
ingresar en la Congregación, pero necesitan una larga formación, y no
siempre hay tiempo suficiente para dársela.
En 1621 el Papa eleva a
las Escuelas Pías a la categoría de "Orden de Clérigos Regulares", con
votos solemnes. De esa forma, equipara el "ministerio" escolapio con el de
las famosas y veneradas Ordenes Religiosas de Benedictinos, Franciscanos,
Dominicos, Jesuitas... Ellos, dedicados a un trabajo tan humilde (tan poco
apreciado entonces) y tan profano, como era el de educar a los niños y
jóvenes.
Pero no todos entendían
esto. Había, en las esferas religiosas y en las civiles, personas
alarmadas: ¿Si se enseña a los pobres, quién seguirá haciendo los
servicios que necesitamos? También alguna influyente Orden Religiosa los
sentían como competidores.
Calasanz lucha
denodadamente por dotar a sus Religiosos de una buena organización (a
imitación de los Jesuitas) y de una profunda espiritualidad (inspirada en
los Franciscanos y Carmelitas), pero sobre todo por defender y mejorar sus
escuelas y atender cada vez mejor a sus alumnos.
En 1646, los enemigos de
las Escuelas Pías prevalecen. Y el Papa publica el documento de reducción
de la Orden a Congregación sin votos ni Superiores. En esos menos de 30
años de historia, las Escuelas Pías han llegado a contar con 490
religiosos y mantienen 37 colegios extendidos en numerosas ciudades de
Italia y de Europa Central. También en Francia quiso introducirse, pero no
lo consiguió.
Con la Orden destruida y
los colegios disgregados, muchos quedan desconcertados, y bastantes
abandonan. Pero el Santo sigue animando, convencido de que Dios no puede
permitir la desaparición de una obra tan benemérita. Y muchos se mantienen
fieles a su vocación.
En 1648, José de
Calasanz muere rodeado por los suyos y el pueblo de Roma lo celebra como
un gran santo.
2. RESTAURACIÓN Y FLORECIMIENTO
En 1648 se firma la Paz
de Westfalia, que da fin a la Guerra de los 30 años. Se establece un nuevo
equilibrio europeo, con la estabilización de las respectivas áreas de
influencia, al tiempo que se consolida la plena soberanía de los estados
nacionales. El absolutismo se afianza. Y estos Monarcas absolutos
prestarán muy poco interés a la situación del pueblo, y en especial a la
enseñanza. El nivel de analfabetismo alcanza muchas veces al 90% de la
población. Las instituciones religiosas cubren en parte este vacío,
destacando la Compañía de Jesús, las Escuelas Pías, las Escuelas
Cristianas (1681).
Desde dentro y fuera de
las Escuelas Pías se hacen muchos esfuerzos por recuperar la situación
jurídica y eclesial anterior. Esto se consigue poco a poco: En 1656 se las
declara Congregación religiosa con votos simples; en 1669, se la vuelve a
elevar al grado de Orden con votos solemnes. Así, se empiezan a organizar
y a crecer nuevamente, aunque al principio con bastante lentitud, debido
principalmente a la penuria económica en que se desenvolvían. Desde 1686
el Papa les autoriza a poseer bienes raíces.
Ante las controversias
con otras Ordenes Religiosas, el Papa, a petición de los Escolapios,
determina con mayor claridad el ministerio de nuestra Orden: 1) Pueden
enseñar en sus escuelas también las ciencias mayores (filosofía, teología,
latín, griego, etc.). 2) Deben admitir a los niños pobres, y pueden
admitir niños ricos y nobles. 3) Pueden regentar internados y seminarios.
4) Pueden fundar casas sin el consentimiento de otros religiosos con tal
de que puedan vivir sin mendigar.
En el siglo XVIII, las
Escuelas Pías alcanzarán un notable florecimiento en muchos órdenes:
expansión geográfica y numérica, prestigio científico, desarrollo e
influencia de su pedagogía.
La expansión geográfica
se hace fundamentalmente en tres ámbitos políticos: Italia, el Imperio
Germánico, el reino de Polonia. En España, tras algunos intentos fallidos
ya en vida del Fundador, la difunden los Escolapios de Cerdeña y de
Nápoles: Moía (1683), Peralta de la Sal (1697), Balaguer (1700).
En el campo pedagógico,
los Escolapios aportan, en primer lugar, una buena organización de las
enseñanzas: Tres clases en Primaria, cinco (más tarde, 6 u 8) en
Secundaria. Estas clases no se distribuyen por edades, sino por niveles de
conocimiento, siendo muy flexible el paso de una a otra. La programación
de cada clase estaba perfectamente determinada en sus contenidos, sus
métodos e incluso con sus libros de texto. Todo esto era general para toda
la Orden, aunque cada Provincia lo adaptaba a su modo. Características
generales eran la seriedad y eficacia de la enseñanza y el carácter
preventivo de la educación. Bastantes Gobiernos adaptaron más adelante
numerosos elementos de esta organización escolar.
Entre las personas o
hechos más significativos cabe destacar:
* En Polonia, el P. Estanislao Konarski, que
con su plan de enseñanza y sus ideas contribuyó decisivamente a asentar
las bases de la educación nacional polaca. Funda un "Colegio de Nobles" en
Varsovia, como centro de experimentación pedagógica.
* En Hungría, los Escolapios destacan por el cultivo de la lengua y
cultura magiar, y por su nivel intelectual, incluso en la Universidad. Su
gran prestigio les mereció ayuda económica oficial y que su Provincial
fuera consejero habitual del Ministro de Educación.
* En Italia, hay escolapios que destacan en el campo científico y
literario, alguno formará parte del Gobierno de la República Romana de
final de siglo y se les encomendará la dirección del Observatorio
astronómico Ximeniano de Florencia.
* En España, el P. Felipe Scío, publicará el libro "Método Uniforme"
para la enseñanza en Primaria, será instructor de los hijos y nietos de
Carlos III, y por encargo del mismo rey realizará la primera traducción
completa de la Biblia Vulgata al castellano.
En los aspectos
económicos, las Escuelas Pías siguen fieles al principio de gratuidad de
sus escuelas, por lo que, salvo excepciones, mantienen un carácter muy
popular que las marca profundamente. La financiación la buscan a través de
fundaciones, aportaciones de príncipes y municipios, culto de sus
iglesias, ingresos de sus internados de pago.
En 1784, las Escuelas
Pías estaban compuestas por unos 2.500 religiosos, distribuidos en 218
casas, organizadas en 16 Provincias: Roma, Liguria, Nápoles, Toscana,
Sicilia, Cerdeña, Apulia, Bohemia, Austria, Renano-Suiza, Hungría,
Polonia, Lituania, Aragón, Cataluña, Castilla.
3. LAS ESCUELAS PíAS EN EL S.XIX
En los 25 años que van
desde la Revolución Francesa (1789) al Congreso de Viena (1815) se produce
en Europa una profunda convulsión política, ideológica, religiosa y moral.
El fin del Antiguo Régimen, las guerras continentales, las ideas de la
Ilustración y la reacción conservadora darán paso a un "orden nuevo" que
sólo se consolidará a través de innumerables luchas durante todo el s.XIX,
en las que el liberalismo triunfante se irá haciendo más acomodaticio,
mientras su componente revolucionario entroncará con los grandes
movimientos sociales de ese siglo. La Iglesia, y por supuesto las Escuelas
Pías, viven esta crisis de forma traumática y dolorosa.
La guerra y las
ocupaciones territoriales obligan a abandonar muchas casas y a dispersar a
muchos de sus religiosos; esto se hace especialmente notorio en la
Provincia Renano-Suiza, en gran parte de Italia, en Polonia y Lituania.
Las ideas liberales y
nacionales añaden un nuevo factor de crisis interna, puesto que no pocos
de los Escolapios se adherirán a ellas, con los consiguientes conflictos
dentro de las comunidades y con la Jerarquía eclesiástica. El regalismo de
los reyes y emperadores obligó a desmembrar la Orden en regiones
prácticamente independientes, separándolas de la autoridad del P. General.
La política educativa de
los Estados hizo cambiar radicalmente la situación de los colegios de
religiosos. Al ideal de una enseñanza obligatoria para todos, que tardaron
decenios en hacerla realidad, se unió cada vez más una visión
estatalizadora y de control de todos los sectores de la vida pública, en
especial de la educación, con fuertes tendencias laicistas y
anticlericales. Esto llevó a la Supresión de las Congregaciones
religiosas, a la prohibición de enseñar por parte de los religiosos, a la
imposición de los planes de enseñanza estatales. Muchos colegios debieron
pasar a manos de los Gobiernos; y a no pocos religiosos se les ofrecían
puestos en centros públicos.
Los Escolapios son
tratados con mayor benevolencia en bastantes de estos casos: no se suprime
su Orden Religiosa y se les permite enseñar. Ello se debe a su carácter
popular y a que el Estado no tiene medios para sustituirlos. Deben
hacerlo, sin embargo, según los planes oficiales y han de estar sujetos a
la Inspección. Esto supondrá una limitación a los planes escolapios de
enseñaza; pero lo aceptan con realismo, mientras procuran mantener otros
elementos propios de su estilo educativo: cuidadosa formación religiosa
teórica y práctica, normas de comportamiento y urbanidad, seriedad y rigor
científico y didáctico, etc.
Tras todos estos
avatares, el número de miembros de las Escuelas Pías ha descendido, en el
año 1830, a 1.230 religiosos. Pero hacia mediados del siglo se empieza a
producir una notable restauración, que a finales del siglo XIX habrá hecho
subir a unos 2.100 el número de religiosos, que atienden a unos 50.000
alumnos.
En los colegios
escolapios que se mantienen no decrece su eficacia docente, ni su
prestigio educativo. La renovación pedagógica se amplía en este siglo. No
sólo continúa el alto nivel científico de algunas provincias (Hungría,
Bohemia, Toscana, etc.), sino que se abren nuevos campos educativos:
Escuelas de sordomudos (Italia, Polonia, Austria), enseñanzas comerciales
(contabilidad), enseñanza extraescolar para adultos. Se publican numerosos
libros de texto, e incluso instalan imprentas para publicarlos. Se montan
laboratorios y museos de ciencias naturales en varios colegios.
La restauración tiene
especial relieve en España. A finales del siglo, la Provincia de Cataluña
tiene 240 religiosos y 21 colegios, Aragón cuenta con 170 religiosos y 11
casas, Castilla tiene 320 religiosos con 14 colegios. Se ha creado ya la
Viceprovincia de Valencia, que pronto llegará a Provincia; y la llamada
Vicaría General de España mantiene también viarias casas
interprovinciales. Desde España se empieza en esta época una prometedora
expansión por América: Cuba, Argentina, Chile, que se consolidarán y
crecerán en el futuro, y algunos Países más donde por ahora no
prosperarán.
En cuanto a la
gratuidad, tan propia de las Escuelas Pías, se produce en este siglo un
cambio importante. Tras las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos
y la incautación de los fondos fundaciones, muchas casas de Escolapios
quedan sin los recursos en que se sustentaban. No pocos Municipios
mantienen aún sus subvenciones, aunque a veces se demoran en pagarlas o
las dejan congeladas. Por otra parte, la exigencia de titulaciones les
obliga a contratar profesores seglares, que aumentan notablemente los
gastos. Los ingresos de los internados y del culto no son, pues,
suficientes. Con todo ello, las situaciones se hacen cada vez más
insostenibles, y recurren al Papa, que en 1873 les autoriza a cobrar
parcialmente la enseñanza; pero no a todos, sino sólo a los que prolonguen
su estancia en el colegio. Se empezarán a dar, así, tres clases de
alumnos: Los internos (de pago), los externos (gratuitos) y los vigilados,
que permanecen en el colegio al terminar las clases para hacer sus deberes
y estudiar y a veces para comer (se les cobra por esto).
En esta época, surgen
varias Congregaciones Religiosas inspiradas en el carisma de Calasanz, al
que tratan con gran devoción y del que cogen su espíritu. En la fundación
de algunas de ellas han intervenido Escolapios, pero en otras no. Así
surgen: Padres Cavanis (Venecia, 1802), Hermanas de Vorselaar (Bélgica,
1820), Madres Escolapias (Cataluña, 1829), Padres de Timón David
(Marsella, 1852), Calasancias de la Divina Pastora (Cádiz, 1855), Suore
Calasanziane (Florencia, 1889). Todas ellas, junto con los Escolapios,
forman la llamada "Familia Calasancia".
4. LAS ESCUELAS PíAS EN EL S. XX
Durante este siglo, las
Escuelas Pías se desenvuelven en un contexto eclesial e histórico muy
distinto de la etapa anterior. En 1904 el papa Pío X pone fin al período
de separación de Roma en que vivían algunas circunscripciones. A partir de
entonces se avanzará dentro del camino de la unidad orgánica y legislativa
de la Orden. Se organizan mejor las provincias y las casas, se cuida más
la formación de los jóvenes escolapios, y el crecimiento del último
período del siglo anterior se sigue consolidando.
La I Guerra Mundial
obliga a reorganizar algunas provincias (Eslovaquia, Rumanía) debido a los
cambios de fronteras. El período de entreguerras, con las dictaduras que
emergen, causa dificultades a las Escuelas Pías en Italia, Austria,
Bohemia, Polonia. La Guerra Civil española, con los 200 escolapios muertos
violentamente, y la II Guerra Mundial supondrán muy graves quebrantos en
el funcionamiento de las escuelas y de las comunidades.
Terminadas estas
guerras, las Escuelas Pías se encuentran en situaciones muy diferentes.
Por un lado, en Italia y más en España se viven tiempos de crecimiento,
con notable aumento de las vocaciones y del número de alumnos. Pero la
vida de las Provincias de Europa Central cambia radicalmente: Los
Gobiernos comunistas incautan los colegios privados y sólo permiten
mantener algunas parroquias y un pequeñísimo número de colegios, como
símbolo de libertad, entre los que se cuentan los de los Escolapios (2 en
Hungría y 1 en Polonia). Las Congregaciones Religiosas quedan prohibidas.
Nuestros religiosos, por tanto, se dispersan. Sólo unos pocos pueden vivir
en las comunidades autorizadas, y los demás han de tener cuidado de no
aparecer como religiosos. Se sigue manteniendo, sin embargo, un
considerable número de ellos en la clandestinidad e incluso reciben y
forman algunas vocaciones. Pero algunas provincias se van extinguiendo.
Durante los años 50 y 60
se produce una gran expansión de las Escuelas Pías, partiendo sobre todo
desde España. Estas nuevas fundaciones se producirán principalmente en
América, pero también en Europa: en las misma Península Ibérica y más
tímidamente en Francia. También en Japón. El número de alumnos aumenta
notabilísimamente y naturalmente crece también el número de profesores
seglares.
El Concilio Vaticano II
(1962-1965) marcará un punto de inflexión de la mayor importancia: El
nuevo modo de mirar las realidades terrenas, la renovación de la pastoral
y de la liturgia, la libertad de conciencia, y, sobre todo, la concepción
de la Iglesia como pueblo de Dios, con el consiguiente desarrollo de la
teología del laicado... supondrá un nuevo modo de estar los cristianos en
la Iglesia y en el mundo. La llamada de atención a los religiosos para que
se renueven, volviendo la mirada a sus carismas fundacionales, y la
valoración de la educación como modo de apostolado cristiano serán otros
mensajes que a los Escolapios nos influirán considerablemente.
En 1965 las Escuelas
Pías cuentan con 2.535 religiosos y con unos 85.000 alumnos.
El descenso de las
vocaciones y las crisis religiosas de los años 70, con numerosas salidas
de sacerdotes y religiosos, supondrá un notable descenso en el número de
miembros de las Congregaciones Religiosas y del clero diocesano. Pero esto
no conllevará el descenso en el número de obras mantenidas por los
Escolapios; seguirán aumentando y diversificándose. Naturalmente esto sólo
puede hacerse si se cuenta con nuevos colaboradores, los laicos o seglares
católicos, cada vez más preparados y más protagonistas de las obras de
Iglesia. La teología del laicado que inició el Concilio Vaticano II irá
lentamente dando sus frutos: primero en América Latina, pero también en la
vieja y clericalizada Europa.
Con la desaparición de
los regímenes comunistas de Europa Central (principios de los 90), los
Escolapios de esas regiones recobrarán súbitamente nueva vitalidad.
Salidos de la clandestinidad, reunificados en comunidades, recuperados
muchos de sus colegios e iglesias antiguos, aumentarán sus obras y
alumnos, así como sus vocaciones. Hungría, Polonia, Eslovaquia se
encuentran ahora en pleno crecimiento y reorganización.
+ En los últimos decenios las Escuelas Pías se han abierto a nuevos
países, especialmente de África y Asia, a nuevos tipos de obras, buscando
fundamentalmente el acercamiento a los más pobres, han asumido bastantes
parroquias, han promovido variados movimientos de voluntariado entre los
seglares, han fomentado el nacimiento de comunidades cristianas de jóvenes
y adultos, han iniciado el nacimiento de las Fraternidades de las Escuelas
Pías (FEP) o escolapios seglares...
Mientras las vocaciones
escasean en España, Italia y Austria, las Escuelas Pías aumentan
visiblemente sus vocaciones en: Hungría, Polonia, Eslovaquia; en América,
desde California hasta Argentina y Chile; en África; en la India y
Filipinas.
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