LA CONCIENCIA

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Habré de andar fugitivo

y errante por la tierra.

Gen. 4, 14

Para su meditación y para que goces de sus valores literarios traemos aquí las líneas que siguen.

Por cuanto se refiere al primer aspecto, sólo una cosa pedimos: por mucho que hayas endurecido tu corazón, por mucho que quieras acallar tu conciencia, ten presente que no podrás hurtarte a la vista de quien te habla a través de ella y ve en lo escondido. Medítalo y juzga si te trae cuenta el mal que haces.

Por lo que atañe al segundo, no hay más que decir que es nuestro deseo que disfrutes de esta breve escena –verdadero drama– en unos pocos pareados alejandrinos de Víctor Hugo.

Presentamos el texto en francés, por si ya hiciste tus primeras armas en la lengua de Ronsard, y en español. Para la versión francesa nos hemos servido de la edición de La légende des siècles, Paris, Librairie Charpentier et Fasquelle, 1925, págs. 34 y ss. La traducción española que aquí damos es la de don Jacinto Labaila, en la que hemos hecho mínimas correcciones ortográficas, aparecida en el tomo VI de Víctor Hugo, Obras completas, Valencia, Terraza, Aliena y Compañía, 1888, pág. 49.

 

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LA CONSCIENCE

Lorsque avec ses enfants vêtus de peaux de bêtes,

Échevelé, livide au milieu des tempêtes,

Caïn se fut enfui de devant Jéhovah,

Comme le soir tombait, l'homme sombre arriva

Au bas d'une montagne en une grande plaine;

Sa femme fatiguée et ses fils hors d'haleine

Lui dirent: –Couchons-nous sur la terre, et dormons.–

Caïn, ne dormant pas, songeait au pied des monts.

Ayant levé la tête, au fond des cieux funèbres

Il vit un oeil, tout grand ouvert dans les ténèbres,

Et qui le regardait dans l'ombre fixement.

–Je suis trop près, dit-il avec un tremblement.

Il réveilla ses fils dormant, sa femme lasse,

Et se remit à fuir sinistre dans l'espace.

Il marcha trente jours, il marcha trente nuits.

Il allait, muet, pâle et frémissant aux bruits,

Furtif, sans regarder derrière lui, sans trêve,

Sans repos, sans sommeil. Il atteignit la grève

Des mers dans le pays qui fut depuis Assur.

–Arrêtons-nous, dit-il, car cet asile est sûr.

Restons-y. Nous avons du monde atteint les bornes.–

Caín huyendo con su familia, de F. Cormon (1845-1924).Et, comme il s'asseyait, il vit dans les cieux mornes

L’oeil à la même place au fond de l'horizon.

Alors il tressaillit en proie au noir frisson.

–Cachez-moi, cria-t-il; et, le doigt sur la bouche,

Tous ses fils regardaient trembler l'aïeul farouche.

 

Caïn dit à Jabel, père de ceux qui vont

Sous des tentes de poil dans le désert profond:

–Étends de ce côté la toile de la tente.–

Et l'on développa la muraille flottante;

Et, quand on l'eut fixée avec des poids de plomb:

–Vous ne voyez plus rien? dit Tsilla, l'enfant blond,

La fille de ses fils, douce comme l'aurore;

Et Caïn répondit: –Je vois cet oeil encore!–

Jubal, père de ceux qui passent dans les bourgs

Soufflant dans des clairons et frappant des tambours,

Cria: –Je saurai bien construire une barrière.–

Il fit un mur de bronze et mit Caïn derrière.

Et Caïn dit: –Cet oeil me regarde toujours!

Hénoch dit: –Il faut faire une enceinte de tours

Si terrible, que rien ne puisse approcher d'elle.

Bâtissons une ville avec sa citadelle.2

Bâtissons une ville, et nous la fermerons.–

Alors Tubalcaïn, père des forgerons,

Construisit une ville énorme et surhumaine.

Pendant qu'il travaillait, ses frères, dans la plaine,

Chassaient les fils d'Enos et les enfants de Seth;

Et l'on crevait les yeux à quiconque passait;

Et, le soir, on lançait des flèches aux étoiles.

Le granit remplaça la tente aux murs de toiles,

On lia chaque bloc avec des noeuds de fer,

Et la ville semblait une ville d'enfer;

L'ombre des tours faisait la nuit dans les campagnes;

Ils donnèrent aux murs l'épaisseur des montagnes;

Sur la porte on grava: «Défense à Dieu d'entrer.»

Quand ils eurent fini de clore et de murer,

On mit l'aïeul au centre en une tour de pierre.

Et lui restait lugubre et hagard. –O mon père!

L’oeil a-t-il disparu? dit en tremblant Tsilla.

Et Caïn répondit: –Non, il est toujours là.

Alors il dit: –Je veux habiter sous la terre

Comme dans son sépulcre un homme solitaire;

Rien ne me verra plus, je ne verrai plus rien.–

On fit donc une fosse, et Caïn dit: C'est bien!

Puis il descendit seul sous cette voûte sombre.

Quand il se fut assis sur sa chaise dans l'ombre

Et qu'on eut sur son front fermé le souterrain,

L’oeil était dans la tombe et regardait Caïn.

 

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LA CONCIENCIA

Cuando con sus hijos, vestidos con pieles de animales, desgreñado, lívido, durante la tempestad, Caín iba huyendo de Jehová, al anochecer, sombrío, llegó al pie de una montaña y se paró en una extensa llanura. Su mujer estaba fatigada, sus hijos jadeantes de cansancio, y le dijeron:

–Acostémonos aquí y durmamos.

Caín no pudo dormir, atormentado por un pensamiento, y levantando la cabeza hacia el cielo oscurísimo, vio que un ojo inmenso, abierto en las tinieblas, le miraba fijamente.

–Estoy demasiado cerca –exclamó con espanto.

Despertó a sus hijos que dormían y a su mujer cansada, y echó a correr siniestramente por el espacio. Caminó treinta días y treinta noches, mudo, pálido, estremeciéndose a cualquier ruido, sin atreverse a mirar hacia atrás, sin tregua, sin reposo, sin poder dormir. Cuando llegó a la playa del mar del país que después se llamó Assur, dijo:

–Este refugio es seguro; quedémonos aquí. Hemos llegado ya a los límites del mundo.

En cuanto se sentó, vio otra vez en el oscuro horizonte brillar el ojo en el mismo sitio. Entonces se estremeció, sintiendo horrible calofrío.

–¡Ocultadme! –exclamó, y todos sus hijos, aterrorizados, le vieron temblar.La Conscience, de F. Chifflart (1825-1901)

Caín dijo a Jabel, que era el padre de los que se cobijan en el desierto en tiendas de pieles de animales:

–Extiende a esa parte la tienda.

Desdoblaron las paredes flotantes, y cuando las fijaron en el suelo poniéndoles pesos de plomo,

 –¿Ya no lo veis?, preguntó Tisila, la rubia niña, hija de sus hijos, bella como la aurora, y Caín respondió:

–¡Veo el ojo todavía!

Tubal, padre de los que pasan por las aldeas tocando clarines y tambores, replicó:

–Os construiré una barrera.

Levantó un muro de bronce y escondió a Caín detrás de él. Caín entonces volvió a exclamar:

–¡Ese ojo me mira siempre!

Henoch repuso:

–Construiremos un recinto de torres tan terrible que nadie pueda acercarse. Edifiquemos una ciudad con ciudadela y después la cerraremos.

Entonces, Tubalcaín, padre de los herreros, construyó una ciudad enorme y sobrehumana. Mientras estuvo trabajando, sus hermanos de aquella llanura expulsaban a los hijos de Enos y de Seth; sacaban los ojos a todos los que pasaban y por la noche arrojaban flechas a las estrellas. Reemplazó el granito a las frágiles tiendas, ataron todos los bloques con nudos de hierro y la ciudad parecía una ciudad del infierno; la sombra de las torres dejaba oscuros los campos; dieron a las murallas el espesor de las montañas y grabaron en las puertas: «Se prohíbe entrar a Dios».

Cuando terminaron de amurallar la ciudad, colocaron al abuelo en el centro de una torre de piedra, en la que se quedó lúgubre y huraño.

–Padre mío, ya no veréis el ojo –exclamó Tisila temblando.

Caín respondió:

–¡Siempre lo veo! Quiero habitar bajo tierra, en un sepulcro, para que nadie me vea y para que yo no vea a nadie.

Caváronle una profunda fosa, y Caín descendió, solo, bajo aquella bóveda sombría. Cuando se sentó allí, cuando sobre él cerraron las losas y se quedó escondido y tapado, el ojo apareció en la tumba, mirando siempre a Caín.

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