RECORDANDO A WILLIAM BLAKE

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noviembre 07

 

Se cumplen en este mes doscientos cincuenta años del nacimiento de William Blake, poeta, grabador y pintor londinense, quien merece ser situado como el autor más importante del Prerromanticismo inglés.

Dos rasgos son dignos de señalarse en la obra de Blake: su originalidad y el empleo de símbolos. Pero, si tenemos en cuenta la naturaleza enfermiza de nuestro autor, quien desde muy temprana edad –ya a El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol, W. Blakela de cuatro años se le había aparecido Dios en su ventana– mantenía coloquios con escritores y filósofos –Moisés, Homero, Milton, Dante...– de otros tiempos, como si de sus demonios familiares se tratara, debemos ser cautos a la hora de valorar estas dos notas de Blake, pues no faltarán ocasiones en que esa originalidad y ese simbolismo se conviertan en algo absolutamente personal, extravagante, deforme y privado de valor poético, hijos inevitables de sus alucinaciones mentales.

Con todo, a pesar del exceso de originalidad, a pesar de que resulte en muchas ocasiones oscuro, a pesar de que seamos incapaces de desentrañar el sentido de sus fantasías o de la ampulosidad y la incorrección de que adolece en ocasiones, Blake resulta siempre atractivo y conmovedor a causa de un cierto encanto y misterio más allá de lo natural que aureola su obra.

Seguidamente pueden leerse dos composiciones. La primera de ellas, «El niño negro» («The Little Black Boy») pertenece al libro Canciones de Inocencia (1789). La segunda, «El tigre» («The Tiger), poema considerado como uno de los mejores de Blake, a su obra Canciones de experiencia (1794), que se une en un mismo volumen a la anterior. Pueden leerse ambas en William Blake, Canciones de Inocencia y de Experiencia, ed. bilingüe de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo, trad. de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo, Madrid, Cátedra, col. Letras Universales 68, 2003, págs. 74-75 y 132-133.

 

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el niño negro

Me parió mi madre en las selvas del sur,

y soy negro, pero ¡ay!, mi alma es blanca;

blanco como un ángel es el niño inglés,

mas yo soy negro, como privado de luz.

Me enseñó mi madre debajo de un árbol,

y sentándose antes del gran calor del día,

me puso en su regazo y me besó,

y señalando hacia el este comenzó a decir:

«Mira el sol naciente: allí vive Dios,

y extiende su luz, y envía su calor;

y flores y árboles y bestias y el hombre reciben

consuelo en la mañana, júbilo a mediodía.

Y ponemos nosotros en la tierra un corto espacio

donde podamos aprender a tolerar los rayos del amor;

y estos cuerpos negros y este rostro quemado por el sol

no son más que una nube, y como una arboleda sombría.

Pues cuando nuestras almas hayan aprendido a soportar el calor

se esfumará la nube; escucharemos su voz

diciendo: “Salid de la arboleda, mi amor y mi cuidado,

y en derredor de mi tienda de oro alegraos como corderos”.»

Así habló mi madre, y me besó;

y así le digo yo al niño inglés:

cuando yo de la negra, y él de la blanca nube estemos libres,

y en torno a la tienda de Dios como corderos nos alegremos,

yo le protegeré del calor, hasta que soportar pueda

el estar recostado con alegría en las rodillas de nuestro padre,

y entonces me pondré en pie y acariciaré sus cabellos de plata,

y seré como él, y entonces él me amará a mí.

 

* * *

el tigre

¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor

en las selvas de la noche;

¿qué inmortal mano o qué ojo

pudo enmarcar tu temida simetría?

¿En qué lejanos abismos o en qué cielos

ardía el fuego de tus ojos?

¿A qué alas osaba aspirar,

qué mano osó coger el fuego?

¿Y qué hombros, y qué arte

pudieron retorcer los nervios de tu corazón?

Y cuando tu corazón comenzó a latir,

¿qué temible mano?, ¿y qué temidos pies?

¿Cuál fue el martillo?, ¿cuál la cadena?

¿En qué fragua cayó tu cerebro?

¿Cuál fue el yunque? ¿Qué temible abrazo

osó sujetar sus terrores mortales?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,

y regaron el cielo con sus lágrimas,

¿acaso sonrió al ver su obra?

¿Acaso quien creó el Cordero te creó a ti?

¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor

en las selvas de la noche;

¿qué inmortal mano o qué ojo

pudo enmarcar tu temida simetría?

the little black boy

My mother bore me in the southern wild,

And I am black, but O! my soul is white;

White as an angel is the English child:

But I am black as if bereavd of light.

My mother taught me underneath a tree

And sitting down before the heat of day,

She took me on her lap and kissed me,

And pointing to the east began to say:

Look on the rising sun; there God does live

And gives his light, and gives his heat away

And the flowers and trees and beasts and men recieve

Comfort in morning joy in the noon day.

And we are put on earth a little space,

That we may learn to bear the beams of love

And these black bodies and this sunburnt face

Is but a cloud, and like a shady grove.

For when our souls have learn'd the heat to bear

The cloud will vanish, we shall hear his voice

Saying: come out from the grove, my love & care,

And round my golden tent like lambs rejoice.

Thus did my mother say and kissed me.

And thus I say to the little English boy

When I from black and he from white cloud free,

And around the tent of God like lambs we joy,

I’ll shade him from the heat till he can bear

To learn in joy upon our fathers knee.

And then I'll stand and stroke his silver hair

And be like him and he will then love me.

 

* * *

the tyger

Tyger Tyger, burning bright,

In the forests of the night;

What immortal hand or eye

Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies

Burnt the fire of thine eyes!

On what wings dare he aspire,

What the hand dare sieze the fire?

And what shoulder, & what art

Could twist the sinews of thy heart?

And when thy heart began to beat

What dread hand? & what dread feet?

What the hammer? what the chain,

In what furnace was thy brain?

What the anvil? what dread grasp

Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears

And water’d heaven with their tears,

Did he smile his work to see?

Did he who made the Lamb make thee?

Tyger Tyger, burning bright,

In the forests of the night;

What immortal hand or eye

Dare frame thy fearful symmetry?

Elohim creando a Adán, de William Blake

 

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