ENTORNO FAMILIAR Y FRACASO ESCOLAR

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noviembre 07

 

Inquietaba hace veinte años nihil novum sub sole el rendimiento escolar. Y no sólo el escolar –éste se limita a una evaluación de los conocimientos adquiridos, en la que únicamente entran componentes conceptuales y se reduce a medir el grado en que el alumno ha seguido el itinerario formal que ofrece el sistema educativo–, sino también el humano, pues al fracaso aquel va asociado muchas veces un fracaso en la dimensión humana del estudiante. Exactamente como sucede hoy: todos hemos comprobado cómo se suceden los estudios, las estadísticas, el arbitrio de soluciones imposibles que se traduce en nuevos planes de estudios –escándalo de siglas– y, nuevamente, estudios, estadísticas, etc. que ponen de manifiesto cómo nos alejamos cada vez más de la que pueda considerarse tasa ideal de éxito escolar y –¿lo diremos?– humano.

Como muestra de esa inquietud, dedicaba Actualidad docente, revista editada por la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), su número 106, Bernabé Tierno Jiménezcorrespondiente al mes de septiembre de 1987, al fracaso escolar. En ella, junto a diversos informes y entrevistas, con el título de "Entorno familiar y fracaso" se incluía una colaboración del psicólogo y pedagogo Bernabé Tierno, a quien es ocioso presentar. Ofrecemos este artículo, que se puede encontrar en las páginas 34 y 35 de la citada revista, a los lectores de Miscelánea Calasanz en la seguridad de que puede ser de gran provecho

 

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Sin pretender analizar los casos concretos de fracaso escolar, ni contemplar todas las variables que intervienen en que unos chicos sean buenos alumnos y otros no, sí voy a establecer dos grupos o tipos de familias en las que, en líneas generales, suelen darse éxito o fracaso escolar.

Cualquier educador experimentado que haya tenido la constancia y curiosidad de observar a sus alumnos con éxito o con fracaso escolar, teniendo como referencia el clima familiar que rodeaba a unos y otros, coincidirá conmigo en que, salvo en contadas excepciones, mediante la conducta de nuestros alumnos es bastante fácil averiguar el tipo de atmósfera familiar que "respiran".

A nadie se le oculta que, salvo en los casos de una clara limitación de las aptitudes intelectuales, deficiente escolaridad, profesorado incompetente o aburrido, etc., la principal variable interviniente en el fracaso escolar es el tipo de atmósfera que rodea al alumno.

A continuación expongo las características o notas dominantes del clima familiar que favorece el éxito en los estudios y del clima familiar que genera el fracaso escolar.

clima familiar que genera el fracaso escolar

Continua pugna y desacuerdo entre los padres

Hay una lucha por ostentar el mando familiar. El padre desacuerda lo que dice la madre y la madre lo que dice el padre.

Los hijos, desde pequeñitos, viven en un estado permanente de ansiedad pues no saben a quién hacer caso o a qué carta quedarse sin herir a uno de sus padres.

La permanente situación de inestabilidad nerviosa y emocional que generan estos padres no es el clima más favorable para el aprovechamiento de los estudios.

Madres "madrazas" permisivas en exceso

Estas madres lo toleran todo. No establecen jamás una línea de control en los hijos. Les dejan abandonados a sus caprichos y veleidades porque no han logrado comprender que la autoridad y la firmeza pueden hacerse compatibles con el cariño y la ternura.

Padres inestables en el humor y en la conducta

Como la violencia genera violencia, la inestabilidad de los padres en el humor y la conducta produce en sus hijos desasosiego, irritabilidad y malhumor habitual que hace prácticamente imposible un trabajo intelectual eficaz.

Padres hipersensibles, con los nervios a flor de piel

Producen en los hijos efectos similares a los anteriores. Cualquier situación, palabra o gesto por inocente e insignificante que sea, puede ser interpretado como ofensivo y malicioso desencadenando una "tormenta" familiar. Estos padres son como vasos siempre rebosantes que cualquier "gota" por pequeña que sea puede hacer que se "desborden".

Gritos, amenazas, gestos y actitud violenta

De los padres entre sí y con sus hijos, privan a éstos del aprendizaje de un diálogo sereno en el que sea posible "escucharse" a sí mismos y "escuchar" a los demás.

El trato infantil y la superprotección del niño

Hasta la pubertad e incluso posteriormente, dificulta o impide el desarrollo de la personalidad y de la autonomía necesaria que hacen posible encarar con decisión y coraje el esfuerzo de cada día en las tareas escolares.

Las críticas destructivas y las actitudes negativistas y derrotistas

De los hechos de los padres que sofocan en sus primeros intentos el desarrollo de la naciente confianza y de la seguridad en sí mismo del niño, con lo cual, la autoestima, que es imprescindible para acometer con entusiasmo el trabajo intelectual, se debilita en grado sumo o muere, acarreando un fracaso tras otro en cadena.

clima familiar que favorece el éxito en los estudios

Autoridad coordinada y compartida "a dúo" entre los padres

Pero conservando cada cual su personalidad e identidad. Ésta es la base más firme y más propicia en que puede asentarse el éxito escolar. Educar presentando a los hijos una línea de actuación conjunta, definida, firme y coherente.

Madres que saben dosificar convenientemente la dulzura y el cariño, con la autoridad y la firmeza

Sin recurrir a cada paso a las consabidas frases: "ya verás cuando venga papá", "si no me obedeces se lo diré a tu padre", etc.

La madre es quien marca con su conducta el grosor, la consistencia y la firmeza de los cimientos de la personalidad del niño y, en buena medida, su éxito o su fracaso en los estudios.

Calma, equilibrio y diálogo en conductas, gestos y actitudes

Que cuando se convierten en algo habitual en el hogar suelen transmitirse o "contagiarse" como por ósmosis psíquica a los hijos facilitando la estructuración de un trabajo intelectual prolongado y profundo a la vez.

Respeto al criterio de cada miembro de la familia alentándole a que sepa mantenerlos, pero respetando a su vez el criterio de los demás

Esto no significa, por supuesto, tolerar las conductas caprichosas y tiránicas de niños mimados que no conocen límites en sus exigencias. Cuando el niño pase los límites de lo razonable, debe imponerse la norma con autoridad y firmeza.

Conciliar de forma adecuada la autoridad y la tolerancia

Este equilibrio es bastante difícil lograrlo de una forma conjunta por el padre y la madre. Sus efectos educativos son de incalculable valor y trascendencia.

Los padres deben procurar los medios a su alcance

Para que aumente progresivamente la seguridad en sí mismos de sus hijos y con ello la autoestima.

La regla de oro es no facilitarles demasiado las cosas a los niños. La seguridad en sí mismos aumenta en la medida y grado en que se van superando dificultades día a día por los propios medios.

Demos a nuestros hijos la posibilidad de demostrarse a sí mismos que pueden lograr dar un paso más hacia el éxito.

 

miscelánea calasanz

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