LA FE EN SUS TEXTOS V

MARÍA EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN

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noviembre 07

 

CAPÍTULO V

MARÍA EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN

1.- Maternidad divina de María

127. En cuanto a la gloriosa, santa, siempre Virgen María, enseñamos que con toda exactitud es proclamada por los católicos, en sentido propio y verdadero, Madre de Dios-Verbo que de ella tomó carne. Porque en sentido propio y verdadero fue él mismo quien, hecho hombre en estos últimos tiempos, se dignó nacer de la santa y gloriosa Virgen su madre. Por lo tanto, puesto que el Hijo de Dios tomó carne de ella y nació de ella en un sentido propio y verdadero, por eso mismo confesamos que ella es en sentido propio y verdadero Madre de Dios encarnado y nacido de ella. Y decimos "en un sentido propio", no se vaya a creer que el Señor Jesús ha recibido el nombre de Dios a título de honor o de favor, como lo pensó estúpidamente Nestorio. En un sentido verdadero, no se vaya a creer que tomó de la Virgen una carne imaginaria o en un cierto modo irreal, como lo afirmó Eutiques en su impiedad. (C 392)

2.- La virginidad de María

128. Creo en Dios Padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo, su Hijo único, nuestro Señor, que fue concebido del Espíritu Santo, nació de María Virgen, padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió al cielo, reina a la derecha de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos; creo en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en la remisión de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna. (C395)

129. Creemos... en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios... que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, es decir, fue engendrado perfectamente de santa María la siempre Virgen, por obra del Espíritu Santo; que se hizo hombre, es decir, que tomó la naturaleza humana completa, alma y cuerpo y mente y todo aquello que es humano, excepto el pecado; sin venir de semen masculino... (C 396)

130. Confesamos que de estas tres personas divinas, solo el Hijo salió del misterioso arcano del Padre... para la redención del género humano; y que sólo él asumió al hombre sin pecado de la siempre Virgen María. De forma que al mismo tiempo fuera Hijo de Dios Padre e hijo del hombre; perfecto Dios y perfecto hombre; el hombre Dios fuera un solo Cristo en dos naturalezas, uno en la persona... igual al Padre en la condición divina; menos que el Padre en la condición de siervo... Así, pues, nacido del Padre sin madre, nacido de la Virgen sin padre, únicamente el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros (Jn 1,14). (C 400)

131. Así quedaron unidas, sin ninguna confusión, las dos naturalezas en las entrañas de santa María Virgen, madre de Dios. De forma que el que era Hijo de Dios desde la eternidad, se hizo hijo del hombre y nació en el tiempo de un modo humano, abriendo la matriz al nacer, sin menoscabar la virginidad de la madre, gracias al poder de la divinidad. Digno misterio de un Dios que nace: mantener un parto sin corrupción, quien hace que su concepción sea sin semen... (C 403)

132. Si alguno no confiesa, de acuerdo con los santos Padres, que la santa y siempre Virgen e inmaculada María es propia y verdaderamente Madre de Dios, como quiera que propia y verdaderamente concibió sin semen, por obra del Espíritu Santo, al mismo Dios-Verbo que nació del Padre antes de todos los siglos; y que lo dio a luz sin corrupción, permaneciendo su virginidad indisoluble aun después del parto, sea condenado. (C 404)

133.- A la verdad, el emperador Justiniano nuestro hijo, como sabéis por el tenor de su carta, dio a entender que habían surgido discusiones sobre estas tres cuestiones: si Cristo y Dios nuestro puede decirse que es "uno de la Trinidad"... Si Cristo Dios, impasible como es por razón de su divinidad, sufrió en su cuerpo. Si la siempre Virgen María, madre de Cristo nuestro Señor-Dios, debe llamarse propia y verdaderamente madre de Dios y madre del Dios-Verbo encarnado en ella. En estos puntos hemos aprobado la fe católica del emperador. Y que esto sea así, lo hemos demostrado palmariamente con muestras de los profetas, de los apóstoles y de los Padres...

En cuanto a la gloriosa, santa, siempre Virgen María, enseñamos que con toda exactitud es confesada por los católicos en sentido propio y verdadero Madre de Dios-Verbo que de ella tomó carne... (C 405)

134.- Y a la Virgen que había dado a luz de un modo sobrenatural e inefable, la conservó virgen aun después del parto, sin que su virginidad fuera alterada o debilitada; significando de este modo, que su naturaleza no había sufrido ninguna alteración o mudanza. (C 407)

3.- Concepción inmaculada

135.- Declara, sin embargo, este mismo santo concilio que no es intención suya incluir en este decreto, en el que se trata del pecado original, a la bienaventurada e inmaculada Virgen María, Madre de Dios. Pero que hay que observar las constituciones del papa Sixto IV, de feliz memoria, con las penas que en dichas constituciones se contienen, que [el concilio] renueva. (C 411)

136.- Dios inefable... eligió y dispuso para su Hijo Unigénito, desde el principio y antes de todos los siglos, una madre de la cual pudiera nacer cuando se hiciera hombre en la plenitud dichosa de los tiempos; y de tal manera la amó sobre todas las creaturas, que en ella sola se complació con el máximo afecto. Por lo cual, la colmó de un modo admirable con todas las gracias celestiales, extraídas del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos. Y esto, en tal grado, que siempre estuviera exenta absolutamente de toda mancha de pecado y, toda hermosa y perfecta, poseyera tal plenitud de inocencia y santidad, que no se puede comprender una mayor después de Dios, ni cabe pensar en conseguirla aparte de Dios. (C 417)

137.- Y a la verdad, era sin duda conveniente que madre tan digna de veneración brillara siempre envuelta en los resplandores de una santidad perfectísima y obtuviera un triunfo amplísimo de la antigua serpiente, estando absolutamente libre aun de la misma mancha del pecado original. Una madre a la que Dios Padre dispuso darle su Hijo único, el engendrado de su corazón, igual a sí mismo, al que ama como a sí mismo; y dárselo, para que el mismo fuera hijo común de Dios Padre y de la Virgen; una madre a la que el mismo Hijo escogió para que fuera su madre sustancialmente; una madre de la cual quiso el Espíritu Santo e intervino de hecho, para que fuera concebido y naciera de ella el mismo de quien él procede. (C 418)

138.- ... Para honor de la santa e individua Trinidad, para gloria y esplendor de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, la de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano, está revelada por Dios; y, por consiguiente, ha de ser creída firme y constantemente por todos los fieles.

4.- Asunción de María

139.- Por todo esto, después de haber elevado insistentemente a Dios nuestras preces suplicantes y de haber invocado la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma Madre augusta, y para gozo y júbilo de toda la Iglesia: en virtud de la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, proclamamos, declaramos y definimos que es dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial. (C 423)

5.- La mediación universal

140.- Por esta comunión de dolores y de voluntad entre María y Cristo, ella "mereció ser constituida dignísimamente como reparadora del mundo caído" y, por lo mismo, dispensadora de todas las gracias que Jesús nos consiguió con su muerte y con su sangre.

Cierto; no negamos que la distribución de estos dones es derecho privativo y propio de Cristo, puesto que han sido adquiridos con la muerte de él solo, y él es por su soberanía el Mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por razón de aquella comunión de dolores y padecimientos entre Madre e Hijo, se le ha concedido a la Virgen augusta que sea "mediadora y conciliadora valiosísima de todo el orbe ante su Hijo unigénito". Así, pues, Cristo es la fuente "de cuya plenitud todos hemos recibido" (Jn 1,16); "del cual todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por toda clase de articulaciones... creciendo hasta coronar el edificio en el amor" (Ef 4,16). (C 425)

141.- Pero María... "es el acueducto", o también el cuello por el cual se une el cuerpo a la cabeza. Es claro, pues, que estamos muy lejos de atribuir a la Madre de Dios el poder de crear la gracia, poder que pertenece a Dios sólo. Pero puesto que ella supera a todos en santidad y en la unión con Cristo, y ha sido asociada por Cristo a la obra de la salvación de los hombres, nos merece "de congruo", como dicen, lo que Cristo mereció "de condigno"; y es la administradora primaria en la repartición de las gracias. (C 426)

142.- Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar, desde el asentimiento prestado fielmente en la anunciación y mantenido sin vacilar en la cruz, hasta la consumación eterna de todos los elegidos. Porque una vez asunta al cielo no ha dejado esta misión salvífica, sino que, con su múltiple intercesión, continúa recabándonos los dones de la salvación eterna. Con su amor maternal se cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan e incluso se encuentran en peligros y angustias, hasta que sean transportados a la patria feliz. Por este motivo es invocada en la Iglesia la Bienaventurada Virgen con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Medianera. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal modo que nada reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, el único Mediador. La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente con el Mediador y Salvador. (C 431)

6.- El culto a María

143.- A María, exaltada por voluntad divina sobre todos los ángeles y hombres después de su Hijo, se la honra justamente por la Iglesia con un culto especial, como que es la Madre de Dios, que intervino en los misterios de Cristo.

En efecto, desde los tiempos más remotos se venera a la Bienaventurada Virgen con el título de "Madre de Dios", bajo cuyo amparo se refugian suplicantes los fieles en todos sus peligros y necesidades. A partir sobre todo del concilio de Éfeso, el culto del pueblo de Dios a María creció maravillosamente con muestras de veneración, de amor, de invocación y de imitación, según las palabras de la misma Virgen: Me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque hizo en mí cosas grandes el que es poderoso (Lc 1,48).

Este culto, tal como existió siempre en la Iglesia, aunque es del todo singular, se diferencia esencialmente del culto de adoración que se tributa al Verbo encarnado, de igual modo que al Padre y al Espíritu Santo; culto al que especialmente contribuye. Porque las diversas formas de devoción a la Madre de Dios, que dentro de los límites de la doctrina sana y ortodoxa ha aprobado la Iglesia atendiendo a la variedad de tiempos y lugares y a la índole y mentalidad de los fieles, lo que hacen es que, al honrar a la Madre, se conozca mejor, se ame, se glorifique y se obedezca al Hijo, por quien todo existe (cf. Col 1,15-16) y en quien quiso el Eterno Padre habitase toda plenitud (Col 1,19). (C 432)

 

 

SÍNTESIS

1.- Maternidad divina

María es Madre de Dios [96 104 127 135]

Por el poder del Espíritu Santo concibió al Verbo de Dios hecho hombre [93 104 108a 128]

Concibió virginalmente [108a 128-130 132]

Mantuvo su virginidad en el parto [131-132]

Y la conservó perpetuamente [133-134]

2.- Santidad de María

María estuvo libre de todo pecado [136-137]

Incluso el original [135-138]

Y fue glorificada en cuerpo y alma [139]

3.- Posición de María en el orden salvífico

María es colaboradora en la obra de la redención [140-141]

Es madre de los fieles en el orden de la gracia [142]

Es medianera de las gracias adquiridas por el único mediador, Cristo [140-142]

4.- Culto a María

A María se ha de tributar un culto del todo singular [143]

                                                                                                                                  

 

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