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CAPÍTULO V
MARÍA EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN
1.- Maternidad divina de María
127. En cuanto a la gloriosa,
santa, siempre Virgen María, enseñamos que con toda exactitud es
proclamada por los católicos, en sentido propio y verdadero, Madre de
Dios-Verbo que de ella tomó carne. Porque en sentido propio y verdadero
fue él mismo quien, hecho hombre en estos últimos tiempos, se dignó nacer
de la santa y gloriosa Virgen su madre. Por lo tanto, puesto que el Hijo
de Dios tomó carne de ella y nació de ella en un sentido propio y
verdadero, por eso mismo confesamos que ella es en sentido propio y
verdadero Madre de Dios encarnado y nacido de ella. Y decimos "en un
sentido propio", no se vaya a creer que el Señor Jesús ha recibido el
nombre de Dios a título de honor o de favor, como lo pensó estúpidamente
Nestorio. En un sentido verdadero, no se vaya a creer que tomó de la
Virgen una carne imaginaria o en un cierto modo irreal, como lo afirmó
Eutiques en su impiedad. (C 392)
2.- La virginidad de María
128. Creo en Dios Padre
todopoderoso creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo, su Hijo
único, nuestro Señor, que fue concebido del Espíritu Santo, nació de María
Virgen, padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió al cielo, reina a la derecha de Dios Padre omnipotente, desde allí
ha de venir a juzgar a vivos y muertos; creo en el Espíritu Santo, en la
santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en la remisión de
los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna. (C395)
129. Creemos... en un solo
Señor Jesucristo, el Hijo de Dios... que por nosotros los hombres y por
nuestra salvación descendió y se encarnó, es decir, fue engendrado
perfectamente de santa María la siempre Virgen, por obra del Espíritu
Santo; que se hizo hombre, es decir, que tomó la naturaleza humana
completa, alma y cuerpo y mente y todo aquello que es humano, excepto el
pecado; sin venir de semen masculino... (C 396)
130. Confesamos que de estas
tres personas divinas, solo el Hijo salió del misterioso arcano del
Padre... para la redención del género humano; y que sólo él asumió al
hombre sin pecado de la siempre Virgen María. De forma que al mismo tiempo
fuera Hijo de Dios Padre e hijo del hombre; perfecto Dios y perfecto
hombre; el hombre Dios fuera un solo Cristo en dos naturalezas, uno en la
persona... igual al Padre en la condición divina; menos que el Padre en la
condición de siervo... Así, pues, nacido del Padre sin madre, nacido de la
Virgen sin padre, únicamente el Verbo se hizo hombre y habitó entre
nosotros (Jn 1,14). (C 400)
131. Así quedaron unidas, sin
ninguna confusión, las dos naturalezas en las entrañas de santa María
Virgen, madre de Dios. De forma que el que era Hijo de Dios desde la
eternidad, se hizo hijo del hombre y nació en el tiempo de un modo humano,
abriendo la matriz al nacer, sin menoscabar la virginidad de la madre,
gracias al poder de la divinidad. Digno misterio de un Dios que nace:
mantener un parto sin corrupción, quien hace que su concepción sea sin
semen... (C 403)
132. Si alguno no confiesa, de
acuerdo con los santos Padres, que la santa y siempre Virgen e inmaculada
María es propia y verdaderamente Madre de Dios, como quiera que propia y
verdaderamente concibió sin semen, por obra del Espíritu Santo, al mismo
Dios-Verbo que nació del Padre antes de todos los siglos; y que lo dio a
luz sin corrupción, permaneciendo su virginidad indisoluble aun después
del parto, sea condenado. (C 404)
133.- A la verdad, el
emperador Justiniano nuestro hijo, como sabéis por el tenor de su carta,
dio a entender que habían surgido discusiones sobre estas tres cuestiones:
si Cristo y Dios nuestro puede decirse que es "uno de la Trinidad"... Si
Cristo Dios, impasible como es por razón de su divinidad, sufrió en su
cuerpo. Si la siempre Virgen María, madre de Cristo nuestro Señor-Dios,
debe llamarse propia y verdaderamente madre de Dios y madre del Dios-Verbo
encarnado en ella. En estos puntos hemos aprobado la fe católica del
emperador. Y que esto sea así, lo hemos demostrado palmariamente con
muestras de los profetas, de los apóstoles y de los Padres...
En cuanto a la gloriosa,
santa, siempre Virgen María, enseñamos que con toda exactitud es confesada
por los católicos en sentido propio y verdadero Madre de Dios-Verbo que de
ella tomó carne... (C 405)
134.- Y a la Virgen que había
dado a luz de un modo sobrenatural e inefable, la conservó virgen aun
después del parto, sin que su virginidad fuera alterada o debilitada;
significando de este modo, que su naturaleza no había sufrido ninguna
alteración o mudanza. (C 407)
3.- Concepción inmaculada
135.- Declara, sin embargo,
este mismo santo concilio que no es intención suya incluir en este
decreto, en el que se trata del pecado original, a la bienaventurada e
inmaculada Virgen María, Madre de Dios. Pero que hay que observar las
constituciones del papa Sixto IV, de feliz memoria, con las penas que en
dichas constituciones se contienen, que [el concilio] renueva. (C 411)
136.- Dios inefable... eligió
y dispuso para su Hijo Unigénito, desde el principio y antes de todos los
siglos, una madre de la cual pudiera nacer cuando se hiciera hombre en la
plenitud dichosa de los tiempos; y de tal manera la amó sobre todas las
creaturas, que en ella sola se complació con el máximo afecto. Por lo
cual, la colmó de un modo admirable con todas las gracias celestiales,
extraídas del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles
y santos. Y esto, en tal grado, que siempre estuviera exenta absolutamente
de toda mancha de pecado y, toda hermosa y perfecta, poseyera tal plenitud
de inocencia y santidad, que no se puede comprender una mayor después de
Dios, ni cabe pensar en conseguirla aparte de Dios. (C 417)
137.- Y a la verdad, era sin
duda conveniente que madre tan digna de veneración brillara siempre
envuelta en los resplandores de una santidad perfectísima y obtuviera un
triunfo amplísimo de la antigua serpiente, estando absolutamente libre aun
de la misma mancha del pecado original. Una madre a la que Dios Padre
dispuso darle su Hijo único, el engendrado de su corazón, igual a sí
mismo, al que ama como a sí mismo; y dárselo, para que el mismo fuera hijo
común de Dios Padre y de la Virgen; una madre a la que el mismo Hijo
escogió para que fuera su madre sustancialmente; una madre de la cual
quiso el Espíritu Santo e intervino de hecho, para que fuera concebido y
naciera de ella el mismo de quien él procede. (C 418)
138.- ... Para honor de la
santa e individua Trinidad, para gloria y esplendor de la Virgen Madre de
Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la religión
cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, la de los santos
apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos
que la doctrina que sostiene que la bienaventurada Virgen María fue
preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante
de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en
atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano, está
revelada por Dios; y, por consiguiente, ha de ser creída firme y
constantemente por todos los fieles.
4.- Asunción de María
139.- Por todo esto, después
de haber elevado insistentemente a Dios nuestras preces suplicantes y de
haber invocado la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios
omnipotente, que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para
honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la
muerte, para aumento de la gloria de la misma Madre augusta, y para gozo y
júbilo de toda la Iglesia: en virtud de la autoridad de nuestro Señor
Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra,
proclamamos, declaramos y definimos que es dogma divinamente revelado que
la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su
vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial. (C 423)
5.- La mediación universal
140.- Por esta comunión de
dolores y de voluntad entre María y Cristo, ella "mereció ser constituida
dignísimamente como reparadora del mundo caído" y, por lo mismo,
dispensadora de todas las gracias que Jesús nos consiguió con su muerte y
con su sangre.
Cierto; no negamos que la
distribución de estos dones es derecho privativo y propio de Cristo,
puesto que han sido adquiridos con la muerte de él solo, y él es
por su soberanía el Mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por
razón de aquella comunión de dolores y padecimientos entre Madre e Hijo,
se le ha concedido a la Virgen augusta que sea "mediadora y conciliadora
valiosísima de todo el orbe ante su Hijo unigénito". Así, pues, Cristo es
la fuente "de cuya plenitud todos hemos recibido" (Jn 1,16); "del cual
todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por toda clase de
articulaciones... creciendo hasta coronar el edificio en el amor" (Ef
4,16). (C 425)
141.- Pero María... "es el
acueducto", o también el cuello por el cual se une el cuerpo a la cabeza.
Es claro, pues, que estamos muy lejos de atribuir a la Madre de Dios el
poder de crear la gracia, poder que pertenece a Dios sólo. Pero puesto que
ella supera a todos en santidad y en la unión con Cristo, y ha sido
asociada por Cristo a la obra de la salvación de los hombres, nos merece
"de congruo", como dicen, lo que Cristo mereció "de condigno"; y es la
administradora primaria en la repartición de las gracias. (C 426)
142.- Esta maternidad de María
en la economía de la gracia perdura sin cesar, desde el asentimiento
prestado fielmente en la anunciación y mantenido sin vacilar en la cruz,
hasta la consumación eterna de todos los elegidos. Porque una vez asunta
al cielo no ha dejado esta misión salvífica, sino que, con su múltiple
intercesión, continúa recabándonos los dones de la salvación eterna. Con
su amor maternal se cuida de los hermanos de su Hijo que todavía
peregrinan e incluso se encuentran en peligros y angustias, hasta que sean
transportados a la patria feliz. Por este motivo es invocada en la Iglesia
la Bienaventurada Virgen con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro,
Medianera. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal modo que nada
reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, el único Mediador. La
Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la
experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para
que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente con el
Mediador y Salvador. (C 431)
6.- El culto a María
143.- A María, exaltada por
voluntad divina sobre todos los ángeles y hombres después de su Hijo, se
la honra justamente por la Iglesia con un culto especial, como que es la
Madre de Dios, que intervino en los misterios de Cristo.
En efecto, desde los tiempos
más remotos se venera a la Bienaventurada Virgen con el título de "Madre
de Dios", bajo cuyo amparo se refugian suplicantes los fieles en todos sus
peligros y necesidades. A partir sobre todo del concilio de Éfeso, el
culto del pueblo de Dios a María creció maravillosamente con muestras de
veneración, de amor, de invocación y de imitación, según las palabras de
la misma Virgen: Me llamarán bienaventurada todas las generaciones,
porque hizo en mí cosas grandes el que es poderoso (Lc 1,48).
Este culto, tal como existió
siempre en la Iglesia, aunque es del todo singular, se diferencia
esencialmente del culto de adoración que se tributa al Verbo encarnado, de
igual modo que al Padre y al Espíritu Santo; culto al que especialmente
contribuye. Porque las diversas formas de devoción a la Madre de Dios, que
dentro de los límites de la doctrina sana y ortodoxa ha aprobado la
Iglesia atendiendo a la variedad de tiempos y lugares y a la índole y
mentalidad de los fieles, lo que hacen es que, al honrar a la Madre, se
conozca mejor, se ame, se glorifique y se obedezca al Hijo, por quien todo
existe (cf. Col 1,15-16) y en quien quiso el Eterno Padre habitase toda
plenitud (Col 1,19). (C 432)
SÍNTESIS
1.- Maternidad divina
María es Madre de Dios [96 104 127 135]
Por el poder del Espíritu Santo concibió al Verbo de Dios hecho hombre [93
104 108a 128]
Concibió virginalmente
[108a 128-130 132]
Mantuvo su virginidad en el parto [131-132]
Y la conservó perpetuamente [133-134]
2.- Santidad de María
María estuvo libre de todo pecado [136-137]
Incluso el original [135-138]
Y
fue glorificada en cuerpo y alma [139]
3.- Posición de María en el orden salvífico
María es colaboradora en la obra de la redención [140-141]
Es madre de los fieles en el orden de la gracia [142]
Es medianera de las gracias adquiridas por el único mediador, Cristo
[140-142]
4.- Culto a María
A María se ha de tributar un
culto del todo singular
[143]
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