EN EL CENTENARIO DEL PADRE ARRUPE

_____________________________________________________

noviembre 07

 

Con justo júbilo y actos diversos celebra en estas fechas la Compañía de Jesús el centenario del nacimiento del padre Arrupe (1907-1991), quien dirigió los destinos de la Compañía durante cerca de veinte años en los difíciles tiempos posconciliares. Queremos nosotros sumarnos a esta conmemoración y no se nos ocurre mejor modo que ofrecer unas líneas suyas.

Aquí te entrego, pues, la palabra, que es el alma desnuda, del padre Arrupe. Y lo que podría parecer a primera vista retórica hueca es verdad como puño. Cierto que es su alma desnuda, tan desnuda como que está el texto sacado de apuntes íntimos suyos hechos durante unos ejercicios espirituales practicados al poco de ser elegido General de la Orden, no pensados, pues, para dar a la estampa.

¡Qué lección de fe! ¡Qué lección de esperanza! Se admira el alma cenicienta, consumida en el fuego de la vida inútil, y siente envidia de esta otra tan levantada. Envidia por su seguridad inquebrantable –dogma vivido– en la presencia real de Jesús en el Pan eucarístico, por la confianza plena que en Él manifiesta, por su vital intimidad –identidad de corazones– con Él, por la maravillosa conjunción que encuentra hallarse entre la humildad y la felicidad, por la convicción profunda de que es Él quien le habla,  por su disponibilidad incondicional –total ofrecimiento, integral entrega, anonadamiento absoluto a los dictados del Espíritu: ¡¡Aquí me tienes, Señor!!

Y todo visto a través de la palabra –ventana del espíritu– dicha con la sencillez de quien deja que habla el alma y callen los labios, con la sinceridad de quien escribe desde sí para sí, para que sea la letra reflejo permanente de su reflexión, meditación de una tarde de agosto.

Que te goces, pío lector, en la contemplación de esta noble alma del padre Arrupe. Y que tú, como él, como ella, puedas decir cuando llegues al término de la lectura: ¡¡Aquí me tienes, Señor!! Que así sea.

Se halla el texto que ofrecemos en Pedro Arrupe, S.J., Aquí me tienes, Señor. Apuntes de sus Ejercicios Espirituales (1965), Introducción, transcripción y notas de Ignacio Iglesias, S.J., Bilbao, Mensajero, 2006, págs. 72-73. Lo dejamos tal como lo da a conocer el transcriptor, esto es, con absoluta fidelidad al texto autógrafo.

 

*  *  *  *  *  *  *

Retrato del padre Pedro Arrupe, S. J.

Pero Cristo está en este pequeño Sagrario a mi lado!

Mientras yo no me separe de El, El estará siempre

a mi lado. El me ha elegido, el me ayuda.

Qué terrible si yo me apartara de El. Ese mismo

día había caído y dejaba de ser lo que soy!

Señor, ayudadme, "ut numquam a Te

separari pernitas!"

Vida de Fe, de intimidad con la Eucaristía! Mi

gran amigo, consejero, ayuda, alimento... Jesús!!

"Si ipse pro me, quis contra me?". "Omnia possum

in eo qui me confortat!"

La presencia real de Cristo, de mi amigo, alter ego, de mi

gran jefe, pero al mismo tiempo mi íntimo confidente.

La obra es de los dos: él me comunica sus planes

sus deseos; a mí me toca colaborar "externa-

mente" en sus planes que El ha de realizar inter-

namente con su gracia.

Qué obra tan grandiosa la que El pone en mis

ma(no)s; eso exige una unión de corazones completa,

una identificación absoluta. ¡Siempre con El!

Y El nunca se apartará! Yo tengo que mostrarle

confianza y fidelidad. Nunca separarme de El.

Pero la raiz está en ese "amor amicitiae", en ese

sentirse el "alter ego" de Jesucristo. Con una humildad

profundísima, pero con una alegría y felicidad inmensas

tambien.

¡¡Yo siempre con El!! Siempre colgado de sus

labios y de sus deseos.

¡Qué vida tan feliz! Gracias Dios mio!

¡¡Aquí me tienes, Señor!!

 

miscelánea calasanz

revista electrónica al servicio de la educación

colegio calasanz. padres escolapios. santander

si deseas colaborar con nosotros puedes enviar tus trabajos

si, a la vista del contenido de estas páginas, cualquiera se sintiera ultrajado en sus derechos, le rogamos nos lo haga saber a fin de que tal contenido sea excluido