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Con justo júbilo y actos
diversos celebra en estas fechas la Compañía de Jesús el centenario del nacimiento del padre Arrupe
(1907-1991), quien dirigió los destinos de la Compañía durante cerca de
veinte años en los difíciles tiempos posconciliares. Queremos nosotros
sumarnos a esta conmemoración y no se nos ocurre mejor modo que ofrecer
unas líneas suyas.
Aquí te entrego, pues, la
palabra, que es el alma desnuda, del padre Arrupe. Y lo que podría parecer
a primera vista retórica hueca es verdad como puño. Cierto que es su alma
desnuda, tan desnuda como que está el texto sacado de apuntes íntimos
suyos hechos durante unos ejercicios espirituales practicados al poco de
ser elegido General de la Orden, no pensados, pues, para dar a la estampa.
¡Qué lección de fe! ¡Qué
lección de esperanza! Se admira el alma cenicienta,
consumida en el fuego de la vida inútil, y siente envidia de esta otra tan
levantada. Envidia por su seguridad inquebrantable
–dogma vivido– en la
presencia real de Jesús en el Pan eucarístico, por la confianza plena que
en Él manifiesta, por su vital intimidad
–identidad de corazones– con
Él, por la maravillosa conjunción que encuentra hallarse entre la humildad
y la felicidad, por la convicción profunda de que es Él quien le habla, por su
disponibilidad incondicional
–total ofrecimiento, integral
entrega, anonadamiento absoluto–
a los dictados del Espíritu:
¡¡Aquí me tienes, Señor!!
Y todo visto a través de la
palabra
–ventana del espíritu– dicha con la sencillez de quien
deja que habla el alma y callen los labios, con la sinceridad de quien
escribe desde sí para sí, para que sea la letra reflejo permanente de su
reflexión, meditación de una tarde de agosto.
Que te goces, pío lector, en
la contemplación de esta noble alma del padre Arrupe. Y que tú, como él,
como ella, puedas decir cuando llegues al término de la lectura: ¡¡Aquí me
tienes, Señor!! Que así sea.
Se halla el texto que ofrecemos en Pedro Arrupe, S.J., Aquí me tienes, Señor. Apuntes de sus
Ejercicios Espirituales (1965), Introducción, transcripción y notas de
Ignacio Iglesias, S.J., Bilbao, Mensajero, 2006, págs. 72-73. Lo dejamos
tal como lo da a conocer el transcriptor, esto es, con absoluta fidelidad
al texto autógrafo.
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Pero
Cristo está en este pequeño Sagrario a mi lado!
Mientras yo no me
separe de El, El estará siempre
a mi lado. El me ha elegido,
el me ayuda.
Qué terrible si yo me
apartara de El. Ese mismo
día había caído y dejaba de
ser lo que soy!
Señor, ayudadme, "ut numquam a
Te
separari pernitas!"
Vida de Fe, de intimidad con
la Eucaristía! Mi
gran amigo, consejero, ayuda,
alimento... Jesús!!
"Si ipse pro me, quis contra
me?". "Omnia possum
in eo qui me confortat!"
La presencia real de Cristo,
de mi amigo, alter ego, de mi
gran jefe, pero al mismo
tiempo mi íntimo confidente.
La obra es de los dos:
él me comunica sus planes
sus deseos; a mí me toca
colaborar "externa-
mente" en sus planes que El ha
de realizar inter-
namente con su gracia.
Qué obra tan grandiosa la que
El pone en mis
ma(no)s; eso exige una unión
de corazones completa,
una identificación absoluta.
¡Siempre con El!
Y El nunca se apartará! Yo
tengo que mostrarle
confianza y fidelidad. Nunca
separarme de El.
Pero la raiz está en ese "amor
amicitiae", en ese
sentirse el "alter ego" de
Jesucristo. Con una humildad
profundísima, pero con una
alegría y felicidad inmensas
tambien.
¡¡Yo siempre con El!! Siempre
colgado de sus
labios y de sus deseos.
¡Qué vida tan feliz! Gracias
Dios mio!
¡¡Aquí me tienes, Señor!!
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