EL MAESTRO Y LA PACIENCIA

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abril 08

 

Otras veces ya han asomado a estas páginas de Miscelánea Calasanz textos que se centraban en la figura del maestro. Así, en el numero 3, correspondiente al mes de marzo del pasado año, incluimos un "Elogio del maestro", de Eugenio D'Ors; y en el último, del mes de febrero del año en curso, un artículo de Ana de Gómez Mayorga que llevaba por título "Predicar en el desierto".

En esta ocasión traemos unas pocas líneas de Andrés Manjón (1846-1923), presbítero, fundador de las Escuelas del Ave María, renovador de los métodos pedagógicos, claro y sencillo, atento siempre a dirigir al maestro en la tarea de dirigir a la infancia, conocedor como nadie de las dudas y dolores del maestro y de su remedio.  Toca aquí Manjón el importante aspecto de la paciencia en el maestro, tanto más necesaria cuanto en menor consideración es tenido, paciencia que le hará sufrir con resignación los males que le cercan, los agravios que se le hacen, los desprecios, las afrentas...

Véalo todo ello el maestro como tribulación venida de Dios; entiéndalo como prueba y señal; refúgiese en Cristo, que le hará llevadera la carga; tome en consideración los sufrimientos que por puro amor padeció y conozca cómo sus propias faltas son merecedoras de severo castigo: así podrá armarse con la paciencia que su trabajo necesita y, yendo un poco más allá, alcanzar la longanimidad que le acercará a su Creador.

Copiamos el texto de la Edición Nacional de las Obras Selectas de D. Andrés Manjón, El maestro mirando hacia dentro, prólogo de S. E. Revma. el Señor Arzobispo de Granada, Alcalá de Henares, Editorial Redención, del Patronato Central para la Redención de las Penas por el Trabajo, MXMXLV, págs. 100 y ss. Recíbelo por una invitación a que medites en tu trabajo, compañero amigo, y que la reflexión te sea fecunda.

 

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La paciencia os es necesaria

San Pablo

Bueno es verse humillado para aprender a ser justo.

David

1. El sufrir es inherente a todo hombre, y al maestro mucho más. La enfermedad, el dolor, la pobreza, la lucha consigo mismo, con la ignorancia y el pecado, son, entre otras, fuentes comunes de penas y sufrimientos. Sería menester dejar de ser hombre para no tener que penar y sufrir.

2. La sociedad y compañía de los hombres, que es fuente de muchísimos bienes y alegrías, también lo es de contradicción y lucha, de ofensas y padecimientos. ¡Cuánto no hacen sufrir la ignorancia, el terror, el carácter, la imprudencia, la envidia, la ingratitud, la inquina y otras malas pasiones de los hombres! Aun entre amigos y compañeros no deja de haber disgustos.

3. El oficio y cargo de enseñar y educar, ¡cuántos trabajos, disgustos y amarguras, desencantos, desfallecimientos, aburrimientos y cansancios no lleva consigo! ¡Cuántas ingratitudes, ya de los padres, ya de los hijos, ya de las autoridades, ya de la sociedad en general ha de sufrir el maestro!; y tanto más de sentir, cuando trabaja para ellos y no saben o no quieren apreciarlo, pagando siquiera con afecto de consideración y respeto el bien Representación de la Paciencia. Vidriera de la catedral de Belfastque se les hace. Este trabajo que se impone y no es agradecido, el amor con que los trata y no es correspondido, llagan al alma y la hieren y lastiman con honda pena.

4. Humanamente pensando y de ordinario, el maestro no recibe de los hombres el cariño y la correspondencia que, a su parecer, merece y era de esperar, y si le falta la virtud de la paciencia, se desespera y maldice su cargo, que tantas cargas tiene y tan pequeñas recompensas. Y así es como, por culpa de todos, se forman los maestros que no enseñan, los educadores que no educan, los operarios que no trabajan, los vigilantes que se duermen, los celosos que se abandonan, y hasta los hombres de bien que se corrompen, y los apóstoles que escandalizan y se hacen del partido de Judas, esto es, maestros de la iniquidad.

5. Mas si el maestro es paciente y sufrido, de los males saca bienes, y sabiendo que la vida es lucha, en la prueba se agranda y crece, y siendo cristiano, todo lo mira desde muy alto y con el ojo de la fe, ilustrada por la razón; entiende que por mucho que padezca, más merecen sus culpas, y a más penar mayor gloria le espera; él sabe que todo, menos el pecado, pasa por la mano de Dios.

6. Para el maestro cristiano la tribulación es un don de Dios, y siempre es de estimar un bien que Dios consiente o envía para nuestro bien. La tribulación es una prueba, con la cual Dios prueba si le amamos; es un trabajo de cultivo y producción de virtudes para el alma, y hasta es una señal de predestinación, pues al que Dios ama le castiga. Y así, mirado el dolor y la tribulación, no desmaya ni afloja ni hace decaer el ánimo, sino, al contrario, sufre con paciencia, y a veces llega a alegrarse y hacer gozosas las penas, por imitar en algo a Jesús y por la recompensa.

Si alguno carece de la sabiduría que necesita, pídala a Dios,

que la da con abundancia a todos y no zahiere,

y Dios se la dará.

Santiago, Epístola I, 5

1. Dichoso el maestro que es paciente, porque será un hombre perfecto y cabal. La paciencia es virtud que no engaña, es virtud sólida y probada y supone un conjunto de virtudes de las que es como el fruto y la prueba.

2. Mas tenga la paciencia perfecta en sus obras sin faltar en nada, sin agotarse nunca; que ser a ratos sufridos y a ratos furiosos y malhumorados no es de hombres cabales y perfectos.

3. ¿Y qué medio habrá para estar a todas horas sobre sí y no dejarse llevar de la ira, que descompone y rebaja al maestro ante sus discípulos? Lo dice el apóstol Santiago: "Pedirla a Dios".

4. Y Dios, ¿la concederá? No solamente la concederá, sino que "la dará en abundancia a todo el que se la pida". Pídala, pues, el educador y maestro y todo el que carezca de la sabiduría para ser paciente y esté seguro que Dios se la concederá, sin zaherirle por sus defectos, pues conoce el barro de que estamos formados.

5. "Y pida con fe y sin abrigar duda, pues el que duda es semejante a las olas del mar, que son llevadas y traídas por el viento". El que de la sabiduría y bondad de Dios dude no espere conseguir nada. "El hombre de ánimo doble es inconstante en todas sus obras".

6. ¡Ay del maestro inconstante! Será un semihombre que no hará hombres, una veleta que hará veletas, un poco de espuma llevada y traída por las olas del viento, y ¡ay de la escuela y los alumnos que tengan la desgracia de sufrir a un maestro sin paciencia! Pues será un desgraciado que hará desgraciados, un iracundo que hará furiosos, un desnivelado expuesto a todos los ímpetus y desmanes del ebrio; que la ira viene a ser como una borrachera transitoria, capaz de los mayores excesos e inconveniencias.

 

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