ELOGIO DEL MAESTRO

_____________________________________________________

marzo 07

 

Se ha puesto cuesta arriba ser maestro. Los días que corren no son en verdad alentadores para el ejercicio de la docencia. Con mayor frecuencia cada vez se aprecia el cansancio, desfallecimiento, abandono del maestro. Y no podía ser de otra manera.

La escasa consideración social que su ocupación tiene, la nula protección de que es objeto por parte del Estado y la presión que sobre él ejercen alumnos, padres y Administración, a lo que se añade la creciente mengua en el aprovechamiento de las enseñanzas por sus alumnos, hacen germinar en su interior dudas que con extrema dificultad se disipan.

De día en día, le resulta, pues, más difícil ver el fin de su labor, el blanco de su esfuerzo, el término de su derrota. Por ello, desencantado al no vislumbrar ni con mínima claridad la meta a que se encaminan sus trabajos, surge pronto la decepción. Y así, olvidando el elevado destino –sacerdocio del magisterio– al que estaba llamado, el maestro se pregunta y a sí mismo se responde.

¿Qué, pues? ¿Para qué esto? ¿A qué los desvelos? ¿No será mejor olvidarse de todo? Venga el salario y váyase lo demás al traste.

Como homenaje a su sagrado ministerio, antídoto a su desencanto y renuevo de su ilusión van estas líneas de Eugenio D'Ors. Sirvan igualmente para que el joven estudiante considere en sí mismo de cuánto les es deudor a sus maestros. Las hemos tomado de la revista Desde las sombras. Periódico mensual Órgano de la "Asociación Ignacio Trigueros", México, tomo XXV, núm 7, pág, 67, correspondiente al mes de julio de 1947.

 

*  *  *  *  *  *  *

 

Quisiera ser como la lluvia –decía Octavio de Romeu–. Quisiera ser bueno, aburrido, nutritivo, fecundo, deseado, molesto, generoso, incansable... como la lluvia.

Quisiera ser siempre escuchando "como quien oye llover". Para penetrar, empapar y darme así a la fertilidad de cualquier rincón donde hubiere caído una semilla.

Quisiera poder decir: "Dios siembra. Yo lluevo".

En esto se cifra la oración de todo maestro: "¡Señor, déjame llover donde tú has sembrado!"

*  *  

Otto Weininger, el genial y roto –probablemente el único alemán después de Nietzsche que ha representado a su familia–, decía que el pecado de las estrellas es la vanidad. Por vanas se individualizan. En castigo las vemos –nunca mejor que en las noches serenas de la canícula– desprenderse del cielo y caer.

Si el pecado de las estrellas es la vanidad veamos en la humildad la virtud característica de la lluvia. La caída no es ya castigo, sino vocación. La gota de agua de la lluvia ansía desindividualizarse, sumarse, penetrar. Ser humedad en la tierra, vena en el arroyo.

No sin razón en el lenguaje de la frivolidad y del reclamo se llama "estrellas" al tenor y a la tiple, a la bailarina y al galán de la pantalla. A quienes hacen lo que las gotas de agua de la lluvia no debe dárseles título: de ellos se habla mucho menos.

Orador: estrella. Maestro: gota de lluvia.

*  *  

Pero ved. La gota de la lluvia de hoy es mañana el grano de trigo. La humildad ha sido recompensada. Quien cayó, sube. Quien se aniquilaba, se individualiza de nuevo y Ser lluvia que fertiliza la tierracontornea. Quien se daba, se recobra. Quien consintió en morir, renacerá.

Gota, humedad, tallo, grano. De la forma a la forma, pasando por lo informe. De ser una a ser uno, pasando por no ser nadie.

Cae, húndete, penetra, maestro. Tú sobrevivirás.

¿Dónde van las estrellas que caen? ¿Dónde van los oradores que pasan? Tú, maestro, gota de lluvia, irás al tallo y al grano. Irás a la resurrección.

*  *  

Y a su vez el trigo será harina. Y la gota de agua que ha renacido en grano sufrirá una segunda muerte.

Pero luego la harina se volverá pan. Siempre forma. Quizá Sagrada Forma.

Y luego el pan será comido. Y perderá forma otra vez. Será asimilado, aprovechado. Se volverá carne y sangre.

Y por fin de la sangre nacerá una forma nueva, nacerá el pensamiento... ¿Qué es un pensamiento a los ojos de Dios? Una gota de agua que ha seguido su curso.

*  *  

Humilde maestro de una aldea lejana. ¿Quién reconocería en la gloria de este pensamiento genial que ha iluminado el mundo la humilde gotita de lluvia que fuiste tú?

Cae. Húndete. Niégate. Muere. No temas.

*  *  

Es un dolor. Parece que cada día hay más estrellas y menos gotas de lluvia.

No llueve. La tierra está sedienta. No puede consolarla en las noches el espectáculo de tantas y tantas estrellas –fugaces.

*  *  

El pueblo debiera salir con rogativas. ¡Dame agua, Inteligencia mundial; dame agua que me voy a secar!

 

miscelánea calasanz

revista electrónica al servicio de la educación

colegio calasanz. padres escolapios. santander

si deseas colaborar con nosotros puedes enviar tus trabajos

si, a la vista del contenido de estas páginas, cualquiera se sintiera ultrajado en sus derechos, le rogamos nos lo haga saber a fin de que tal contenido sea excluido