|
Se ha puesto cuesta arriba ser
maestro. Los días que corren no son en verdad alentadores para el
ejercicio de la docencia. Con mayor frecuencia cada vez se aprecia el
cansancio, desfallecimiento, abandono del maestro. Y no podía ser de otra
manera.
La escasa consideración social
que su ocupación tiene, la nula protección de que es objeto por parte del
Estado y la presión que sobre él ejercen alumnos, padres y Administración,
a lo que se añade la creciente mengua en el aprovechamiento de las
enseñanzas por sus alumnos, hacen germinar en su interior dudas que con
extrema dificultad se disipan.
De día en día, le resulta,
pues, más difícil ver el fin de su labor, el blanco de su esfuerzo, el
término de su derrota. Por
ello, desencantado al no vislumbrar ni con mínima claridad la meta a que se encaminan sus
trabajos, surge pronto la decepción. Y así, olvidando el elevado destino
–sacerdocio del magisterio– al que estaba llamado, el maestro se pregunta y a sí mismo se responde.
¿Qué, pues? ¿Para qué esto? ¿A qué los
desvelos? ¿No será mejor olvidarse de todo? Venga el salario y váyase lo
demás al traste.
Como homenaje a su sagrado
ministerio, antídoto a su desencanto y renuevo de su ilusión van estas
líneas de Eugenio D'Ors. Sirvan igualmente para que el joven estudiante
considere en sí mismo de cuánto les es deudor a sus maestros. Las hemos
tomado de la revista Desde las sombras. Periódico mensual Órgano de la
"Asociación Ignacio Trigueros", México, tomo XXV, núm 7, pág, 67,
correspondiente al mes de julio de 1947.
*
* * * * * *
Quisiera
ser como la lluvia
–decía Octavio de Romeu–.
Quisiera ser bueno, aburrido, nutritivo, fecundo, deseado, molesto,
generoso, incansable... como la lluvia.
Quisiera ser siempre escuchando
"como quien oye llover". Para penetrar, empapar y darme así a la
fertilidad de cualquier rincón donde hubiere caído una semilla.
Quisiera poder decir: "Dios
siembra. Yo lluevo".
En esto se cifra la oración de
todo maestro: "¡Señor, déjame llover donde tú has sembrado!"
*
*
Otto
Weininger, el genial y roto –probablemente el único alemán después de
Nietzsche que ha representado a su familia–, decía que el pecado de las
estrellas es la vanidad. Por vanas se individualizan. En castigo las vemos
–nunca mejor que en las noches serenas de la canícula– desprenderse del
cielo y caer.
Si el pecado de las estrellas
es la vanidad veamos en la humildad la virtud característica de la lluvia.
La caída no es ya castigo, sino vocación. La gota de agua de la lluvia
ansía desindividualizarse, sumarse, penetrar. Ser humedad en la tierra,
vena en el arroyo.
No sin razón en el lenguaje de
la frivolidad y del reclamo se llama "estrellas" al tenor y a la tiple, a
la bailarina y al galán de la pantalla. A quienes hacen lo que las gotas
de agua de la lluvia no debe dárseles título: de ellos se habla mucho
menos.
Orador: estrella. Maestro: gota
de lluvia.
*
*
Pero ved.
La gota de la lluvia de hoy es mañana el grano de trigo. La humildad ha
sido recompensada. Quien cayó, sube. Quien se aniquilaba, se individualiza
de nuevo y
contornea. Quien se daba, se recobra. Quien consintió en morir,
renacerá.
Gota, humedad, tallo, grano. De
la forma a la forma, pasando por lo informe. De ser una a ser uno, pasando
por no ser nadie.
Cae, húndete, penetra, maestro.
Tú sobrevivirás.
¿Dónde van las estrellas que
caen? ¿Dónde van los oradores que pasan? Tú, maestro, gota de lluvia, irás
al tallo y al grano. Irás a la resurrección.
*
*
Y a su
vez el trigo será harina. Y la gota de agua que ha renacido en grano
sufrirá una segunda muerte.
Pero luego la harina se volverá
pan. Siempre forma. Quizá Sagrada Forma.
Y luego el pan será comido. Y
perderá forma otra vez. Será asimilado, aprovechado. Se volverá carne y
sangre.
Y por fin de la sangre nacerá
una forma nueva, nacerá el pensamiento... ¿Qué es un pensamiento a los
ojos de Dios? Una gota de agua que ha seguido su curso.
*
*
Humilde
maestro de una aldea lejana. ¿Quién reconocería en la gloria de este
pensamiento genial que ha iluminado el mundo la humilde gotita de lluvia
que fuiste tú?
Cae. Húndete. Niégate. Muere.
No temas.
*
*
Es un
dolor. Parece que cada día hay más estrellas y menos gotas de lluvia.
No llueve. La tierra está
sedienta. No puede consolarla en las noches el espectáculo de tantas y
tantas estrellas –fugaces.
*
*
El pueblo
debiera salir con rogativas. ¡Dame agua, Inteligencia mundial; dame agua
que me voy a secar!
|