DIES IRAE

_____________________________________________________

marzo 07

 

Una y otra vez, responde don Juan a quienes le advierten que hay castigo, infierno, que le llegará la muerte, responde –digo– insolente y desdeñoso con el repetido verso ¿Tan largo me lo fiáis...?

Vive el hombre este hoy tanatófugo sin cuidado alguno, como convencido de que una dilatada vida le aguarda, ajeno a aquello que más le interesa: su salvación. El hombre, que antes no más estaba en el mundo, se ha hecho ahora él mismo mundo, se ha mundanizado; y los males que antes desde fuera le acechaban los encuentra ahora dentro de sí. Parece no valer ya la recomendación agustiniana in te ipsum redi: no hay ya hombre interior; cuando el hombre se vuelve hacia sí, más bien que la verdad parece encontrar los espejismos del mundo. Por eso, en esta menguada hora del hombre, cuando a éste se le pone delante el abismo de la eternidad, parece responder, si no de palabra, sí al menos con su actitud con el verso de Tirso: ¿Tan largo me lo fiáis...?

Y tú también. También tú haces del conocido verso máxima vital. ¿Qué te pasa? ¿Piensas que se ha de tener el sol en su órbita para darte tiempo a que conquistes tu alma para el cielo? ¿Crees que no te ha de faltar una Inés que te ofrezca su mano para llevarte con ella a la eternidad deseada? ¿Confías acaso como el don Juan de Zorrilla en el valor de un punto de contrición? Olvídalo, desecha esas vanas esperanzas: que Dios no te auxiliará si tú a ti mismo no te das socorro. Fantaseas, te ilusionas, te engañas míseramente. Para ti será otra la realidad de la muerte mientras en esta vida vivas ahogando tu alma. Si no me crees, repasa el final del don Juan del fraile mercedario: ¡Que me quemo, que me abraso!, pues es juez fuerte Dios en la muerte. Y una es su justicia: quien tal hace, que tal pague.

No más, pues, ¿Tan largo me lo fiáis...? Recuerda, por el contrario, tú, lector que te asomas a estas páginas, que se presenta la muerte muchas veces escondida, sin dejarse Juicio final, fresco de la Capìlla Sixtina.sentir, y que, sin dar aviso, en el arco de sus brazos abrasa amante a sus hijos; que todos somos de su linaje, pues por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado, la muerte; y no en vano in pecatis concepit me mater mea. Y recuerda también que nadie, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre sabe el día aquel y la hora. No hurtarás tu cuerpo, pues, a la muerte, cuyo momento ignoras.

Y llegará el día –¿verás amanecer mañana?– en que hayas de enfrentarte a Juez severo como ninguno; pues, si bien es cierto que mientras caminas en esta vida Dios es Dios de misericordia, entonces será el tiempo de la justicia, y no habrá otro juez al que apelar de la sentencia. Ni sueñes con engañar a este Juez inflexible, que el Señor no puede ni engañarse ni ser engañado. Conque no le podrás escamotear ni tu más íntimo pensamiento, pues es Dios que ve en lo escondido y escudriña los corazones y da a cada uno su paga.

Llegará el día de ira, dies irae. Temerás, quantus tremor est futurus! Nada quedará sin venganza, nil inultum remanebit. Implorarás, llorarás, ingemisco, tanquam reus. Pero ya para ti no será hora. Se te acabó el tiempo de merecer. Llegó el día triste y amargo, lacrimosa dies illa. Y no te quedará más que llanto y rechinar de dientes.

Prevente, pues, no sea que esta noche te reclamen tu alma. No te fíes en que tarde tu amo, pues llegará en día que no esperas y en hora que no conoces. Así, para que nada te sorprenda, vive cada día como si éste fuera el último de tu existir terreno, pues de este modo se te abrirán las puertas de la vida eterna. ¿Que es difícil? ¡Nada más fácil! Sigue el consejo que Séneca da a Lucilio en el final de la carta CXIV: quidquid facies, respice ad mortem. En cualquier cosa que hagas, pon tus ojos en la muerte.

Ramón Cubillas

 

miscelánea calasanz

revista electrónica al servicio de la educación

colegio calasanz. padres escolapios. santander

si deseas colaborar con nosotros puedes enviar tus trabajos

si, a la vista del contenido de estas páginas, cualquiera se sintiera ultrajado en sus derechos, le rogamos nos lo haga saber a fin de que tal contenido sea excluido