¿VOTAR? NATURALMENTE

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febrero 08

 

Cualquier cosa podrá ser Miscelánea Calasanz excepto plataforma de carácter político. Sin embargo, no olvidamos nosotros, ni olvida la Iglesia, que el católico vive en el mundo en sociedad y que tiene con ella contraídas unas obligaciones. Es esto lo que nos impele a escribir las líneas que siguen.

Y es que, ante el hecho de las elecciones que se aproximan, el católico no puede en modo alguno mostrarse indiferente. Dos cuestiones debe plantearse: si ha de votar y, caso de que la respuesta sea afirmativa, a quién debe otorgar su voto.

Con referencia a la primera de las cuestiones, debe el católico considerar que, aparte el hecho claro de que es deudor a la sociedad de no pocos beneficios que ésta a cada paso le hace, está obligado a mirar por el bien común y que, siendo el bien común el fin al que se encamina el Estado, en los regímenes democráticos, y de acuerdo con cuanto establezca la ley, está moralmente obligado a participar en las elecciones con arreglo al dictado de su entendimiento. Respecto a esto, el Catecismo de la Iglesia católica §2240 es sobradamente claro: “La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de impuestos, el ejercicio del derecho al voto...”. Por su lado, el Código de moral política elaborado por la Unión Internacional de Estudios Sociales es taxativo: Siendo el voto una función, hay obligación de desempeñarla. En principio faltan a su deber político, y por consiguiente a su deber moral, los ciudadanos que sin razón suficiente rehúsan realizar un acto de vida colectiva, consignado en la constitución del Estado” (Códigos de Malinas, prólogo, traducción e índices por Ireneo González Moral, S.I., Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas, Santander, Sal Terrae, 1962, pág. 566). Así, pues, es de considerar doctrina común la obligatoriedad del ejercicio del derecho al voto.

Resuelta, pues, afirmativamente la primera cuestión, resta tratar la segunda. ¿A quién otorgar el voto? Debe en esto guiarse el católico por su recta conciencia. Ahora bien, habrá de poner buen cuidado en conocer la doctrina de la Iglesia en relación a no pocos aspectos cuya ordenación en la sociedad política corre a cargo del Estado. Se trata de aspectos fundamentales como la familia, el aborto, la eutanasia o la educación. O de otros, como el reparto de las cargas y los beneficios, la inmigración o la conservación del entorno. Todos ellos desempeñan un papel de primer orden en los programas de los distintos partidos políticos y acerca de todos ellos la Iglesia se ha pronunciado una y otra vez. Por ello, deberá el votante católico inquirir con corazón sincero y entendimiento atento a fin de ejercer, en consonancia con las enseñanzas de la Iglesia, su derecho al voto.

Como síntesis de lo que venimos de decir, y a modo de conclusión, entregamos a nuestro lector unas líneas del padre Royo Marín: “En los países donde funciona el sufragio universal es gravísimo deber de los católicos votar a los candidatos que ofrezcan toda clase de garantías sobre la defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia, y cometerían fácilmente un verdadero pecado mortal votando a los indignos o absteniéndose simplemente de emitir su voto, con peligro de contribuir al triunfo de los candidatos anticatólicos” (Antonio Royo Marín, O.P., Teología moral para seglares, I, Moral fundamental y especial, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1961, pág. 689).

Ramón Cubillas

 

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